jueves, diciembre 11, 2008

Metafísica del amor

Soy de cristales
esparcidos por varios lados
mi cabeza está dividida
meiosis
mitosis
hija biológica
bio
pero sin lógica
y una vida
de rocanrol
sin serlo
trasnochada esperanza
y trabajo
y arduo
y preguntas
de las que me harta imaginar las respuestas.
Y me quedan veinticinco páginas
y esto no avanza
y no sé dónde estamos
hacia dónde no-vamos
(¿o creés que sí?)
Y no esbozamos sonrisas de ningún tipo
ni factor.
De riesgo.
Tediosa imaginación
y espacio.
¿despacio como nunca cumplimos?
Y sigo acá
con mi corrección
por ahí se me ocurre algo...




lunes, noviembre 24, 2008

De círculos y cuadrados

Todos somos los suficientemente diferentes como para que el mundo sea interesante.
Reconozco que siempre me consideré redonda (a pesar de tener un nombre que es mixto, porque tiene curvas y un vértice en la «t»), más allá de las redondeces que adornan mi superficie corpórea, hoy.
Una intuición creció en mí y albergó una idea de que lo sensible era redondo y de que las palabras con pronunciación fricativa o con ciertas letras en su haber estaban armadas por lineas rectas.
Hoy soy un interrogante, como siempre, y me borro la felicidad y la calma para cuestionarme si entro en un cuadrado, si un cuadrado entra en mí, si continúo siendo redonda, si alguna vez lo fui. Y tal vez, se me pasa la vida.
Y así, sin más, me encuentro en una reunión, o simplemente transitando en un auto, con familiares, volviendo de algún lugar no-lugar como los de Augé, y se produce una caída como la de las de las películas –en donde los protagonistas vienen de otro momento histórico y caen de «la nave» a una carro con heno...– y me veo escuchando algo acerca de la situación política del país, y ahí nomás, me doy cuenta de que me embargó la ajenidad, y creo que mi mundo es solo lo que pasa en mi cabeza.
Y me ahogo. Sí, me ahogo de no tener nada que escribir más que mis huecos disfrazados de poesía, mi santa queja cotidiana, de mi tedio eterno en referencia a todo. Y me aburro, me aburro de solo mirarme el ombligo, de olvidarme de observar lo que me rodea y clama mi presencia.
Y aunque últimamente solo viajo en subte y en el 132 que siempre está lleno –al menos, a la ida–, tengo ganas de un cambio de hábito, de una carcajada duradera, de que los que me lean no piensen que es más de lo mismo, pero que, fundamentalmente, yo esté segura de lo que me llena adentro y nadie lo sabe; ni que me avergüence por lo que siento y pienso, aunque no sea compartido.

Y mis ojos frágiles, en este instante regalan migajas de luz.


martes, noviembre 04, 2008

Irrefrenable

Beso que galopa
desbocado
embobado
a un encuentro
de salivas
alientos
desgarros
curvas imposibles
(como si de lo posible se hablara demasiado)
y ojos abiertos
como ventanas de verano
esperando placidamente
una bocanada de aire
que calmara el calor que fluye desde dentro
de las entrañas
extrañas
que hablan por sí solas.

Y digo cosas con mi cuerpo
y grito literal
y amadamente
y acaricio las espirales que
tu bello vello
mezclado con el sudor apasionado
dibuja en tu piel.

Y me reconforta saberte pleno
como si la felicidad se tratara de eso.


Una mujer desnuda y en lo oscuro. Joan Manuel Serrat




Sinceramente tuyo. Joan Manuel Serrat

miércoles, octubre 22, 2008

Onírico

Ayer vi un perro lámpara
y soñé con espejos
y aletargué la muerte otro rato
y pensé en campos de cerezas
y lagrimeé un rato
–como siempre–
me refugié en cajasbobasconsuelo
y dije:
«pongo un freno»
Y hoy, algo hice.



El amor. Puente celeste

viernes, octubre 10, 2008

Rozagante

En un espacio inédito
y palabras que no quiero ni puedo sacar.
Y hay miles y miles de preguntas
como calesitas multicolores
y una fuerza que me hace pleniúnica
y plenilunar...
No necesito a nadie más que a mí
para este encuentro que me llena de orgullo
porque solo soy yo...
Y las preguntas las vuelo como a moscas
y que sigan hacia otro lado
total la que es de carne y hueso
y sangra y late
soy yo
ellas, pobrecitas, son parásitos de mi cabeza...



Desnuda y con sombrilla. Silvio Rodriguez.


miércoles, octubre 01, 2008

Un encuentro con la nena que fuí

En este tránsito lento que es mi coyuntura actual, la semana pasada buscando un libro para mi cuñadita menor –tiene once años recién cumplidos–, encontré un libro de mi infancia y dentro de él, una cascada de recuerdos.
Y por diferentes momentos estuve entre aquí y allá.
Y se sintió tan bien...*






*ojala me mires a los ojos y la nena que soy te enternezca, te haga un guiño y salga a jugar con tu alma tierna...



De paso.León Gieco

miércoles, septiembre 17, 2008

Romaria

El perfume a flores recién cortadas a la salida del subte la abrumó. Pero le sirvió para sacudirse su encogimiento.
Esa sensación la llevo, irremediablemente, a recordar las palabras santateresianas que su madre esparcía a su alrededor cada vez que ella se embrollaba en situaciones sin retorno.
Romaria miró al cielo y descubrió que una musica funcional que no combinaba con su interior iba subiendo desde sus pies a la cabeza. Temió un vahído. Falsa alarma.
Mientras el contexto se confabulaba con el cielo celeste para ignorarla, ella seguía caminando sin rumbo y hacia algún lugar. En otro kiosco de flores vio un tulipán rosado. «Los tulipanes nunca tienen perfume», pensó; y como sucede siempre en los soliloquios, no obtuvo respuesta.
Llegó a su casa, saludó, hizo un llamado telefónico y se acostó sin prisa y sin pausa.
Esa tarde durmió una siesta tranquila.
Se despertó de noche y con desazón, pero descansada, «¿Y ahora qué?», soliloqueó nuevamente.
Estaba inapetente y el humo del cigarrillo la circundaba en un abrazo impreciso y aburrido.
Decidió que no estaba en condiciones de seguir embaucándose en teorías que no la llevaban más que a un umbral agónico y sufriente. Pero su vida no era dramática, era ella la que se sumergía en las aguas fangosas de la angustia por merito propio, nadie la empujaba hacia ese lugar. Tenía que mover su vida hacia otro rumbo, tal vez no tan desconocido, pero salir de ese ahogo estupido e irracional.
Tenía que tomar esperanza, aunque sea de una canción, de un gesto o palabra amable.
Lo sabía, había alguna salida.




Romaria. Elis Regina.


lunes, agosto 25, 2008

Recoveco

Sonrisa plátonica
para un desquicio
y una lágrima
que me hacen demente

Y poemas-nada
y todo
y la puerta abierta
hacia un patio de juegos
y el olvido fortuito de una tristeza que ahoga

Y la plena conciencia
de un cambio inminente
que salve mi historia
y borre la sonrisa platónica
y la iguale a una felicidad que calme
mi alma enjaulada
y serene mis parpados
y entierre la congoja
y olvide lo que significa
y no sea un ancestro
ni siquiera a remembrar

Brotes de ternura
en este espacio blanco
que es mi interior blando
blanco
pintado de pajaritos y mariposas incomprensibles




En esta inmensidad.Alejandro Filio.


martes, agosto 12, 2008

Seis meses y una bufanda*

¿Alguna vez sabrás que había detrás de estos cuencos que di en llamar «de jade» –para que así los nombraras–, ese febrero tibio? ¿Pensás, de verdad, que es cierto lo que imaginabas? Yo solo esperaba magia, y encontré mucho, mucho más que eso...

Pero no importa, porque hayas pensado lo que hayas pensado, imaginado, sentido, ese febrero, esa noche que fue mucho mejor que la mejor película de amor que yo hubiera imaginado, me robaste la vida, secuestraste algo de mi historia, y estoy intermitente, expectante –como nunca– de mi vida...




Corazón de luz y sombra.Liliana Vitale & Juan Carlos Baglietto. (Jorge Fandermole)

*: porque los que nos encontramos no fuimos nosotros...


lunes, agosto 04, 2008

Idioma

Dejo de lado las palabras abrumadoras en otro idioma,
y aquellas a corregir

para buscar algo que me pinte la tranquilidad
de un laburo

Sacudo la mochila de arenas de otro tiempo
y de migas de un viejo lugar

y me corro un poquito a producir...







Habrá que creer. Alejandro Filio & Pedro Guerra


lunes, julio 21, 2008

Prueba fehaciente en contexto poético

No quiero buscar las palabras justas
ni el gesto solidario
ni el mohín necesario

No espero, tanto, una aprobación
a mi vida
ni una mano que acaricie

Solo tengo preguntas a la nada
y miradas y caricias para todos

No doblego ante mí
ni por un poco
la posibilidad de comprensión
ante todo
ni el poderoso sentido de la imaginación
ni una mirada perdida
—cual de niña—

Y en ese poderoso hecho
de pensar
olvidar el raciocinio
por un rato
y dejarme ser por el vértigo



y volar...


El tiempo está después. Fernando Cabrera

lunes, julio 14, 2008

Impredecible

Un ojo de agua
que llueve la incongruencia
que el viento le roba a la luna

Un sopor seco
que aprieta
y apremia la garganta
de ese fósil colgante
que es mi cuerpo
lábil
débil
grave
palabra

La quietud instalada
en lo profundo de una ciénaga
ciega
presurosa
oscuro rezo
de un olvido que ahoga
y grita sinrazones
nada
ciénaga
cien nada
nada cierra

y un piano con un solo en fa mayor
y una música sin verbos
como esta poesía que no cumple con eso


Recóndita huella de un pasado
que no fue ni mejor ni peor
sino pretérito anterior
(obsoleto y arcaico)
pero sin un dejo de perfectivo
, o no,
solo eso
la rayuela pisada y borroneada
en las baldosas gigantes
de un colegio en la calle Esmeralda

el agua se lleva los detalles de tiza


Tu sonrisa inolvidable. Fito Paez


miércoles, junio 25, 2008

Cuestión de fe

La ventana lagrimeaba. Y él se preguntaba dónde había perdido su sombra.
Los cigarrillos apagados, pero todavía humeantes, se acumulaban en el cenicero que parecía gritar «basta, cuidá tus pulmones –o al menos dame aire a mí–».
El bollito de papel con una sentencia atiborrada de nada, y de todo, estaba frente a él, mientras él mascaba vaya a saber qué cuestiones de qué índole cuasi filosófica, o filosa, por lo menos.
Se apretaba las manos, se mordisqueaba los labios, hacía ruidos guturales, como si alguno de esos gestos, bien lo sabía, innecesarios, lo fueran a distraer de sus pensamientos.
Miró la biblioteca y se preguntó por qué tantos libros que no leía. Y algunos, mal escritos.
La migraña volvió a atacarlo con sus dedos punzantes, deslizó un quejido y se estiró como un gato, decidió estirar sus largas piernas y salir de ese letargo inhumano. Se corrió el mechón que a su edad ya tenía que dar por muerto, se paró con fiaca y se fue.

No había más papel higiénico, ni jabón. Lo anotó en una página en blanco de un block imaginario y se encaminó, mejor, a prepararse un mate cocido. «No importa», se dijo, «podés bañarte con jabón blanco», continuó.
Abrió la lata de yerba, puso la pava en el fuego de la izquierda, al fondo, y se recogió el pelo con una birome vieja, sin tapa, carcomida y seca. Buscó en el lavadero el jabón blanco y al mirar los broches se dijo que, tal vez, eran más acordes para su rodete pre-baño. Sonrió con una mueca extraña.

«Poder de síntesis, ¿dónde estás?». Agarró la tijera y cortó el flequillo que lo venía acompañando desde su adolescencia; pero sabía que, al igual que esos pelos que se iban por el agua del inodoro, la tenía que dejar ir. Puteaba de manera inusual cada vez que veía en la tele a un pseudo-psicólogo que hablaba de adolescencia tardía. «¿Quién era el dueño de los tiempos internos? ¿Acaso había clics que determinaban, como hitos históricos, cuándo uno pasaba de una etapa de su vida a otra?» Recogió las llaves de arriba de su escritorio y salió, no sin antes darle agua a la tortuga. Afuera llovía, pero no usaba paraguas.

El agua caía y caía. Tibia, sobre su piel. Se estremeció. Cerró los ojos de golpe, pero pronto se dejó estar por esa agua que se deslizaba por su cuerpo, por su pelo, como un mimo suave. «Amniósis», pensó un neologismo, su pasatiempo preferido. Tomó los pedazos informes de jabón blanco y comenzó a deslizárselo por el cuerpo. La espuma la retrotrajo a su infancia e instintivamente, una reminiscencia con aroma a coco se apoderó de su baño. Suspiró.

Miró para todos lados. Y miró para abajo, el ruedo de su pantalón era un caldo que se iba a transformar en una gripe a muy corto plazo. Encogió los hombros, ¿qué otra cosa más podía pasarle?. En ese momento sonó el celular, dudó entre atenderlo o no. Dejó de lado, una vez más, al azar y atendió. La voz del otro lado, luego de unos segundos, le provocó, en ese orden, sobresalto, intriga, sorpresa y sonrisa.

Cerró las canillas. Tomó la toalla y el pomo de crema para el cuerpo. Siguió con el ritual de cepillo de dientes dentífrico enjuague e hilo dental. Desenredó el pelo con antipatía y gozo a la vez, por lo largo que lo tenía. Entró Ismael a tomar agua del bidet. Le acarició el lomo. Cayó la toalla a sus pies.


De golpe, la ventana dejó de llorar. En la pared de al lado, la pava hervía.



El uno, el dos, el tres. Mecano


miércoles, junio 18, 2008

Te la devuelvo acá *

Tus ojos se cerraron por un rato, y tu pecho late al compás de tu ronquido suave, que es música y aliento a vida en mí…
Tu boca, a la espera de un furtivo beso, se abre almibarada impunemente sin darse cuenta de ello.
Y tus alas quedan plegadas en tus omóplatos, protegidas de los roces de este mundo, que te hace caminar, paradójicamente, con esa tranquilidad y seguridad que me abruman, que me quitan el aire, haciéndome presa de una envidia sana por no saber (¿poder?) manejar los borbotones de sentimientos que se anidan en mí.
Y hago una espiral con mi cuerpo y me acuclillo a tu lado, a la espera de ese abrazo que, más temprano que tarde, llegará.
Y me quedo embelesada observándote, e imagino esos sueños que nunca recordás: un castillo de cartapesta de tu infancia, una charla que tuvimos, uno absurdo –como todos–, uno musicalizado por vos, hay tanto que podrías soñar…
Y me conformo con suspirar, apagar la luz, y soñar con vos…





* o «mi» Plegaria para un niño dormido… (solo que vos no creés…)


Tu nombre me sabe a yerba. Joan Manuel Serrat