Me desperté como quién no quiere la cosa, pero el clima pre, intro y post ducha me salpicaron de una onda que sacudieron el miedo de la vispera.
Cierta osadía me abrazó (¿o me abrasó? con esto del calentamiento global...). El colectivo se me fue, una vez más, pero a pesar del miedo de la vispera, cierta tranquilidad se apoderó de mí.
La jornada laboral transcurrió como si nada, pero @tuty512 ya me lo había advertido, había sensación de rareza en el ambiente. Y no le hice caso.
Me vine a casa, avance. Rutina, rutina, ocr, escaneos, bajar manual de un programa, más rutina, más ocr y correciones. La compu colgada, también parte de la rutina...
Y nada sorpresivo...
... hasta hace un rato...
A través de la pantallita del msn, como si fuera una pavada, me enteré de algo que, en cierta manera, es trascendental.
No hay queja, ni interrogante más que..., ¿qué está pasando dentro de vos?
Never be lonely. The feeling.
(Gracias a D corrector por la musicalización de este post. ;))
martes, agosto 24, 2010
lunes, julio 12, 2010
El kiosco
Nunca fui al kiosco, a ese kiosco donde probaban las últimas golosinas que habían salido, en el que espiaban las curvilíneas pantorrillas de las transeúntes que caminaban por el andén.
Ese espacio que era más que un kiosco, sacrosanto ámbito en el cual, de palabra, se hicieron hombres, reducto de confidencias (¿y de confinamiento?), de tardes y tardes de vagancia, de paso, de compañía, escape certero para huir de casa, del tedio, usina de películas absurdas, de cuadernos ilustrados, de sonrisas y, estoy segura, de lágrimas alguna vez.
Sin embargo, y a pesar de las fotos, de imaginarlo una y mil veces, nunca lo ví abierto, nunca estuve allí.
Y hoy, en ese arrebato que genera la nostalgia me pregunté si aún estará abierto, o si sólo estará habitado por los chicos que fueron, por los hombres que imaginaron ser...
* * *
En el tiempo en el que viví sola –o no tanto– todavía era posible correr de noche al kiosco de la esquina.
Recuerdo haber querido comprar un rollo de papel higiénico, de madrugada, un fin de semana, y como al buen hombre no le quedaba más, me dio el que tenía en su trastienda.
Me acuerdo de las golosinas –las pocas que compraba en esa época–, de los desesperados atados que compraba cuando fumaba y llovía, cuando fumaba y estudiaba, cuando fumaba y compraba...
Ese kiosco resistió mi mudanza (y los cuatro años que viví allí). Hace poco volví a transitar delante suyo una vez por semana, y hace un par de miércoles descubrí que el kiosquero amigo seguía allí. Él no me reconoció, pero a mí se me emocionó el alma.
* * *
Cuando te conocí iba a tu casa en otro colectivo, e, incluso, volvíamos en otro colectivo (o tomabamos el que tomamos hoy, pero en otra parada). Cuando empecé a quedarme a dormir en tu casa, y quedarme hasta los lunes por la mañana, juntando modorra y algo de ganas de ir a trabajar, era cita obligada comprar algo en el kiosco, más para conseguir cambio que por necesidad de algo.
Eso duró bastante. Incluso, sucedió que cambié de colectivo, y el kiosco, de dueño.
Hace un tiempo, este año casi con certeza, cerró su ventanuco. Y yo nunca compré nada allí.
Demasiado. Lisandro Aristimuño
Ese espacio que era más que un kiosco, sacrosanto ámbito en el cual, de palabra, se hicieron hombres, reducto de confidencias (¿y de confinamiento?), de tardes y tardes de vagancia, de paso, de compañía, escape certero para huir de casa, del tedio, usina de películas absurdas, de cuadernos ilustrados, de sonrisas y, estoy segura, de lágrimas alguna vez.
Sin embargo, y a pesar de las fotos, de imaginarlo una y mil veces, nunca lo ví abierto, nunca estuve allí.
Y hoy, en ese arrebato que genera la nostalgia me pregunté si aún estará abierto, o si sólo estará habitado por los chicos que fueron, por los hombres que imaginaron ser...
* * *
En el tiempo en el que viví sola –o no tanto– todavía era posible correr de noche al kiosco de la esquina.
Recuerdo haber querido comprar un rollo de papel higiénico, de madrugada, un fin de semana, y como al buen hombre no le quedaba más, me dio el que tenía en su trastienda.
Me acuerdo de las golosinas –las pocas que compraba en esa época–, de los desesperados atados que compraba cuando fumaba y llovía, cuando fumaba y estudiaba, cuando fumaba y compraba...
Ese kiosco resistió mi mudanza (y los cuatro años que viví allí). Hace poco volví a transitar delante suyo una vez por semana, y hace un par de miércoles descubrí que el kiosquero amigo seguía allí. Él no me reconoció, pero a mí se me emocionó el alma.
* * *
Cuando te conocí iba a tu casa en otro colectivo, e, incluso, volvíamos en otro colectivo (o tomabamos el que tomamos hoy, pero en otra parada). Cuando empecé a quedarme a dormir en tu casa, y quedarme hasta los lunes por la mañana, juntando modorra y algo de ganas de ir a trabajar, era cita obligada comprar algo en el kiosco, más para conseguir cambio que por necesidad de algo.
Eso duró bastante. Incluso, sucedió que cambié de colectivo, y el kiosco, de dueño.
Hace un tiempo, este año casi con certeza, cerró su ventanuco. Y yo nunca compré nada allí.
Demasiado. Lisandro Aristimuño
martes, abril 27, 2010
Luz divina
Cecilia tenía el pelo castaño y la voz insoportablemente chirriante, de esas que te taladran los oídos y la cabeza y deseas que se silencie... Cecilia tenía flequillo y una mirada que derretía cualquier témpano, al punto que no querías más que acurrucarte en su abrazo. Sí, era eso, Cecilia era un oxímoron. O es.
No supe más nada de ella, lo que sí recuerdo fueron la primera y la última vez que la vi.
La última vez, estaba con su habitual calidez y Juan charlando como si no hiciera frío y fuera de noche con un hombre de la calle. Era tarde y no me detuve a indagar al respecto, pero Cecilia no tenía prisa y supe que entendía el sentido del agua, del aire, del sol. En fin, de la vida.
La primera vez, era pura sonrisa. No recuerdo cómo fue ni acerca de qué comenzamos a charlar, pero al instante estabamos esperando a la profesora entre mate y mate riéndonos a carcajadas. Nunca fuimos amigos en el estricto sentido de la palabra, pero siempre hubo un cálidez implicita, ella era la hermana que yo nunca tuve, y yo, su hermano.
No sé por qué, pero una mezcla de horarios complicados en la facu, mis horarios de canillita que me impedían ciertas salidas de fines de semana «porque tengo que abrir el kiosco» hicieron que dejaramos de frecuentarnos y a nuestros contactos-nexos en común.
La última vez que la vi no quise interrumpirla, pero supe, definitivamente, que comprendía el sentido del agua, del sol, del aire. En fin, de la vida...
Luz divina.Lisandro Aristimuño
No supe más nada de ella, lo que sí recuerdo fueron la primera y la última vez que la vi.
La última vez, estaba con su habitual calidez y Juan charlando como si no hiciera frío y fuera de noche con un hombre de la calle. Era tarde y no me detuve a indagar al respecto, pero Cecilia no tenía prisa y supe que entendía el sentido del agua, del aire, del sol. En fin, de la vida.
La primera vez, era pura sonrisa. No recuerdo cómo fue ni acerca de qué comenzamos a charlar, pero al instante estabamos esperando a la profesora entre mate y mate riéndonos a carcajadas. Nunca fuimos amigos en el estricto sentido de la palabra, pero siempre hubo un cálidez implicita, ella era la hermana que yo nunca tuve, y yo, su hermano.
No sé por qué, pero una mezcla de horarios complicados en la facu, mis horarios de canillita que me impedían ciertas salidas de fines de semana «porque tengo que abrir el kiosco» hicieron que dejaramos de frecuentarnos y a nuestros contactos-nexos en común.
La última vez que la vi no quise interrumpirla, pero supe, definitivamente, que comprendía el sentido del agua, del sol, del aire. En fin, de la vida...
Luz divina.Lisandro Aristimuño
jueves, abril 22, 2010
Entre la ética y la estética
Creo que me falta mucho que aprender, incluso mucho más que a escribir con más de cuatro dedos...
Preguntas y preguntas que rondan mi cerebro, cerebelo y bulbo (¿se nota que mamá es profesora de Biología?), pero las respuestas no llegan... No hay angustias generadas, ni de-generadas, más bien un inquietante por qué, que está tornandose más en un para qué, al que no sé responder.
La mejor respuesta sería intentar o, aunque más no sea, esbozar un cómo...
De cualquier manera, hay un placer para nada sucio (¿quién dijo que los placeres tuvieran que relacionarse con algo tan feo como la suciedad?) en estas preguntas, hay un disurrir gozoso que no me hace temer a la pérdida del tiempo, sino más bien me genera una sensación de desafío, de un «llame ya» sin compromiso, sin culpa.
Mientras tanto, disfruto del devenir, del hacer, del dejar que las palabras se desgranen sin apuro hacia vaya cualquiera a saber dónde van a parar: soltarlas, dejarlas ir para que encuentren su camino, su destino.
Como yo...
Libertango. Versión de Esteban Morgado
Preguntas y preguntas que rondan mi cerebro, cerebelo y bulbo (¿se nota que mamá es profesora de Biología?), pero las respuestas no llegan... No hay angustias generadas, ni de-generadas, más bien un inquietante por qué, que está tornandose más en un para qué, al que no sé responder.
La mejor respuesta sería intentar o, aunque más no sea, esbozar un cómo...
De cualquier manera, hay un placer para nada sucio (¿quién dijo que los placeres tuvieran que relacionarse con algo tan feo como la suciedad?) en estas preguntas, hay un disurrir gozoso que no me hace temer a la pérdida del tiempo, sino más bien me genera una sensación de desafío, de un «llame ya» sin compromiso, sin culpa.
Mientras tanto, disfruto del devenir, del hacer, del dejar que las palabras se desgranen sin apuro hacia vaya cualquiera a saber dónde van a parar: soltarlas, dejarlas ir para que encuentren su camino, su destino.
Como yo...
Libertango. Versión de Esteban Morgado
miércoles, marzo 24, 2010
24-3
En otros países está el 11-3, el 11-9, y nosotros, lamentablemente contamos con el 24-3. No creo que haya comparación entre estos hechos, ni mucho menos demasiadas palabras que agregar.
Yo brego por la libertad de expresión, pero fundamentalmente por la libertad de pensamiento, y en estos días más que nunca, solo vi que lo que lo que importa, en pos de defender lo que uno cree como correcto, es desacreditar la opinión del oponente; con esto, no llamo a bajar la cabeza, ni a tomar con ligereza estas cuestiones serias, sino, por el contrario, ser consciente y responsable a la hora de opinar, infomándonos, leyendo, manifestandonos a conciencia y con conciencia, pero, por sobre todo, teniendo el bien común como meta, como horizonte.
No vale nada en lo absoluto pensar desde la individualidad, desde el egoísmo: las verdaderas revoluciones se gestan desde donde hay más de uno, se construyen a partir de sacarnos el traje del «yo», para subirnos al colectivo del «nosotros». Cuando entendamos esto, cuando comprendamos y asumamos que así se debe caminar, tal vez, así podamos salir adelante...
Quiero creer en una Justicia de verdad, solidaria, reflexiva, que actúa con equidad, mientras tanto, soy una utópica...
Detrás del miedo. Laura Canoura
Yo brego por la libertad de expresión, pero fundamentalmente por la libertad de pensamiento, y en estos días más que nunca, solo vi que lo que lo que importa, en pos de defender lo que uno cree como correcto, es desacreditar la opinión del oponente; con esto, no llamo a bajar la cabeza, ni a tomar con ligereza estas cuestiones serias, sino, por el contrario, ser consciente y responsable a la hora de opinar, infomándonos, leyendo, manifestandonos a conciencia y con conciencia, pero, por sobre todo, teniendo el bien común como meta, como horizonte.
No vale nada en lo absoluto pensar desde la individualidad, desde el egoísmo: las verdaderas revoluciones se gestan desde donde hay más de uno, se construyen a partir de sacarnos el traje del «yo», para subirnos al colectivo del «nosotros». Cuando entendamos esto, cuando comprendamos y asumamos que así se debe caminar, tal vez, así podamos salir adelante...
Quiero creer en una Justicia de verdad, solidaria, reflexiva, que actúa con equidad, mientras tanto, soy una utópica...
Detrás del miedo. Laura Canoura
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Descarnada (a flor de piel)
viernes, febrero 12, 2010
Cericet
Mi pecho expele fuego con lavas lágrimas
espero que laven mi alma
Sonoro carozo que retuerce mis entrañas
y carcome el pensamiento del ¡basta!
No más refugio en esta noche de vísceras de muerte
no más tu uña crispada para lastimar mi yo
que pareciera ¡uh! –otra vez– virgen.
No quiero tus destellos de plástico berreta
mintiendome con sorna.
Ya no más.
espero que laven mi alma
Sonoro carozo que retuerce mis entrañas
y carcome el pensamiento del ¡basta!
No más refugio en esta noche de vísceras de muerte
no más tu uña crispada para lastimar mi yo
que pareciera ¡uh! –otra vez– virgen.
No quiero tus destellos de plástico berreta
mintiendome con sorna.
Ya no más.
Chau, no va más. Julia Zenko
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Género negro,
Poética (Litterae)
sábado, enero 09, 2010
Uno más sin título...
Me gusta pensarme como que soy mucho más que un título, un rotulo, un número, una partícula. Pero soy eso y más. Soy un nombre, un cerebro, miles de células, unos cuantos cromosomas –hoy no recuerdo cuántos son..., ni me importa...–cajas en mi cuarto, en el escritorio; una cartera y ropa que no te gusta, y el ímpetu porque me resbalen las cosas, y ganas de comprarme cajas de té, y de tomar una infusión cada noche –por deseo real y no por ningún otro llamamiento inconsciente (o sí, si es válido para mí)–.
Quiero volver a ser los papelitos de colores, y las ganas, y ver cumplirse mi graduación y mi proyecto, y solo la concreción de mis ganas y mi respeto, solo el mío.
Quiero coleccionar cuadernos, y lapices de colores y lapiceras de tinta.
Confieso firme, pero con cierto recelo y vergüenza, que espero que alguien se conmueva y lo entienda, como el Principito de Exupery.
No quiero más esperas, no quiero más desganos, ni peleas, ni miedos, quiero ser yo acá, y en las reuniones y con cada persona, le sirva o no, pero quiero hacerlo, me lo debo.
Y un puntapié he dado. Algunos lo ven. Los que no, se lo pierden.
No más hipocresía, no más una sopa agría, no más llanto contenido y resentimiento. De eso está lleno el mundo, y no quiero que se contamine el mío.
Me confieso romántica en la totalidad del término. Y va de vuelta, si sirve, sirve, sino, a seguir, siempre a seguir...
No más estoicismo, no más lugar de la resistencia en un espacio que no sé si comparto.
Me descubro, intacta en el sudor de mis cajas, en la incertidumbre que me da el cansancio del orden; pero es necesario.
Solo quiero sonreír, en el medio del escote del vestido violeta que me compré hoy, con cierta culpa que ya se disipó, pero que fue un mimo que yo necesitaba, y me lo dí, así, sin arrebato.
El mundo puede ser gloriosamente espantoso, o terriblemente maravilloso. Elijo el último oxímoron.
Tengo miedo a algunas cosas, pero ser yo es más fuerte que yo...
en letra chica: no era la idea de este texto, pero fluyó, mi cuerpo actuó, yo solo fui un instrumento...
Marcha de la bronca. Pedro y Pablo
Quiero volver a ser los papelitos de colores, y las ganas, y ver cumplirse mi graduación y mi proyecto, y solo la concreción de mis ganas y mi respeto, solo el mío.
Quiero coleccionar cuadernos, y lapices de colores y lapiceras de tinta.
Confieso firme, pero con cierto recelo y vergüenza, que espero que alguien se conmueva y lo entienda, como el Principito de Exupery.
No quiero más esperas, no quiero más desganos, ni peleas, ni miedos, quiero ser yo acá, y en las reuniones y con cada persona, le sirva o no, pero quiero hacerlo, me lo debo.
Y un puntapié he dado. Algunos lo ven. Los que no, se lo pierden.
No más hipocresía, no más una sopa agría, no más llanto contenido y resentimiento. De eso está lleno el mundo, y no quiero que se contamine el mío.
Me confieso romántica en la totalidad del término. Y va de vuelta, si sirve, sirve, sino, a seguir, siempre a seguir...
No más estoicismo, no más lugar de la resistencia en un espacio que no sé si comparto.
Me descubro, intacta en el sudor de mis cajas, en la incertidumbre que me da el cansancio del orden; pero es necesario.
Solo quiero sonreír, en el medio del escote del vestido violeta que me compré hoy, con cierta culpa que ya se disipó, pero que fue un mimo que yo necesitaba, y me lo dí, así, sin arrebato.
El mundo puede ser gloriosamente espantoso, o terriblemente maravilloso. Elijo el último oxímoron.
Tengo miedo a algunas cosas, pero ser yo es más fuerte que yo...
en letra chica: no era la idea de este texto, pero fluyó, mi cuerpo actuó, yo solo fui un instrumento...
Marcha de la bronca. Pedro y Pablo
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Descarnada (a flor de piel),
Género negro,
Intimista
lunes, diciembre 21, 2009
martes, diciembre 08, 2009
Para la libertad
Porque soy como el árbol talado, que retoño
y aún tengo la vida.
y aún tengo la vida.
Hoy he vuelto a casa, después de una jornada de calma y sonrisa, con cierta fatiga, pero con la convicción de que la próspera libertad radica en el respeto de uno mismo.
En la actualidad, en nuestra actualidad, en la de mi país, somos fagocitados e imbuidos en discursos capciosos, en mediatizaciones poco creíbles o, al menos que siembran dudas hasta de nuestros amigos más cercanos.
Sin embargo, hoy opto por descubrir, sin pecar de soberbia, que uno debe creer en su propia intuición, en la creencia firme de que las cosas son en tanto no coarten la propia libertad –ni la ajena– en lo que atañe al 'no daño', y no en términos de patología –aunque este no se aleje demasiado–, sino en términos reales, porque el daño existe.
Por eso, hay que desterrar la culpa, propiciar la autoestima, la no violencia, la inteligencia para saber leer discursos e información, mensajes, señales, humores y otros etcéteras que constituirán la semiología que deberemos decodificar a lo largo de nuestra vida.
Y así, descubriremos que más allá de ciertas moralinas, la clave solo está en que mi libertad termina donde empieza la del otro...
Para la libertad. Joan Manuel Serrat
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Descarnada (a flor de piel)
martes, octubre 27, 2009
Memoria emotiva
Cataratas de sensaciones indómitas y hoy es un día muy mío, de reflexión y no, de ganas imperiosas de cambiar el mundo –mi mundo y el otro–, y pienso en viajes –en el de nuestro texto postergado y fumatas y viajes de verdad...–.
Tengo ganas de garganta con sabor a jugo de naranjas y de sentir la primavera en la piel, y de no tener el moretón en la rodilla izquierda, pero sí el recuerdo hecho carne para cambiar.
El mundo me está atolondrando la psique, pero sigo en pie, una vez más –y van...–, sin embargo no es un día gris.
La pollera floreada me sienta bien, pero no el cúmulo de libros sobre mi-mesa-de-luz-cajonera, ni el desorden interno y externo.
Ya no me importa si me leen o no –miento–, pero algo me basto sola.
Mamá me mima y yo mimo a Agustín, y hoy eso me hace sonreír.
Si Disney despertase. Fito Paez
Tengo ganas de garganta con sabor a jugo de naranjas y de sentir la primavera en la piel, y de no tener el moretón en la rodilla izquierda, pero sí el recuerdo hecho carne para cambiar.
El mundo me está atolondrando la psique, pero sigo en pie, una vez más –y van...–, sin embargo no es un día gris.
La pollera floreada me sienta bien, pero no el cúmulo de libros sobre mi-mesa-de-luz-cajonera, ni el desorden interno y externo.
Ya no me importa si me leen o no –miento–, pero algo me basto sola.
Mamá me mima y yo mimo a Agustín, y hoy eso me hace sonreír.
Si Disney despertase. Fito Paez
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Descarnada (a flor de piel)
jueves, octubre 08, 2009
Arroró para Maite que duerme en su sillita azul
Arroró princesa de ojos en éxtasis
que no dormís en tu capullo de lilas,
pero que Orfeo te acompaña en tu silla azul,
dormí tranquila al son de las pecas de mamá
y de la manos-paloma de papá...
Arroró piquito de paloma
sonrisa en sueños de algodón,
carcajadas de ángeles velan tu descanso
y la calma se instala en derredor...
Arroró amor de tus padres
siembra fértil en un mundo descreído
porque has venido a ser canción de tus abuelos
alegría de tus padres
buena fortuna del mundo que te espera...
Arroró chiquita de nuestra alma
corazoncito que late en calma
solcito que te abriga a la mañana
dormí tranquila que la felicidad
será robada cada día
para que tu alma esté cuidada para siempre...
que no dormís en tu capullo de lilas,
pero que Orfeo te acompaña en tu silla azul,
dormí tranquila al son de las pecas de mamá
y de la manos-paloma de papá...
Arroró piquito de paloma
sonrisa en sueños de algodón,
carcajadas de ángeles velan tu descanso
y la calma se instala en derredor...
Arroró amor de tus padres
siembra fértil en un mundo descreído
porque has venido a ser canción de tus abuelos
alegría de tus padres
buena fortuna del mundo que te espera...
Arroró chiquita de nuestra alma
corazoncito que late en calma
solcito que te abriga a la mañana
dormí tranquila que la felicidad
será robada cada día
para que tu alma esté cuidada para siempre...
Um Canto de Afoxe para o Bloco de Ile. Caetano Veloso
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Esencias,
Intimista,
Poética (Litterae)
martes, septiembre 22, 2009
Los azules
Son esencialmente honestos, francos al punto de parecer fríos, y si bien pueden ser tildados de calculadores, distan, por definición y esencia, de esto.
Son, más bien, reflexivos al punto de meditar, muy a pesar de sus locuras, las palabras que han de decirse en el momento y situación justa, lo cual, traerá, como consecuencia, su consabido éxito –por lo menos en lo inmediato–.
Son los que enjugan lágrimas sin darse cuenta y los que abrazan sin estirar los brazos.
Son capaces de sacrificar una ansiada siesta por ir a dar un beso de cumpleaños, así como entablar una conversación animosa y con espíritu animado, en el medio de un romance y de una fiebre de jueves por la noche.
No son ángeles con aureolas, pero brillan con sus alas de terciopelo.
Lloran con lágrimas sinceras y dicen lo que pocos se animan a decir.
Pero, por sobre todas las cosas, siempre son queridos, entrañables seres que jamás pasan desapercibidos...
El breve espacio en que no estás. Sivio Rodríguez y Pablo Milanés
Son, más bien, reflexivos al punto de meditar, muy a pesar de sus locuras, las palabras que han de decirse en el momento y situación justa, lo cual, traerá, como consecuencia, su consabido éxito –por lo menos en lo inmediato–.
Son los que enjugan lágrimas sin darse cuenta y los que abrazan sin estirar los brazos.
Son capaces de sacrificar una ansiada siesta por ir a dar un beso de cumpleaños, así como entablar una conversación animosa y con espíritu animado, en el medio de un romance y de una fiebre de jueves por la noche.
No son ángeles con aureolas, pero brillan con sus alas de terciopelo.
Lloran con lágrimas sinceras y dicen lo que pocos se animan a decir.
Pero, por sobre todas las cosas, siempre son queridos, entrañables seres que jamás pasan desapercibidos...
El breve espacio en que no estás. Sivio Rodríguez y Pablo Milanés
martes, septiembre 01, 2009
Sobras (about 'desidia')
Cuando te sobre el tiempo,
surcarás mis labios con tu índice
Cuando te sobre el tiempo,
recordarás mis ojos en los tuyos
Cuando te sobre el tiempo,
gritarás mi nombre en un orgasmo
Cuando te sobre el tiempo,
intentarás asirme en un recuerdo
Cuando te sobre el tiempo,
me buscarás a tu lado,
pero,
cuando te sobre el tiempo,
tal vez,
yo solo sea el reflejo en la sombra...
surcarás mis labios con tu índice
Cuando te sobre el tiempo,
recordarás mis ojos en los tuyos
Cuando te sobre el tiempo,
gritarás mi nombre en un orgasmo
Cuando te sobre el tiempo,
intentarás asirme en un recuerdo
Cuando te sobre el tiempo,
me buscarás a tu lado,
pero,
cuando te sobre el tiempo,
tal vez,
yo solo sea el reflejo en la sombra...
Lugar de mí. Laura Canoura
jueves, agosto 13, 2009
Blanco
Letras juntitas, pegadas, párrafos completamente justificados a ambos lados y el fondo no importa, aunque a mí me gusta más el ahuesado, en este caso, el blanco y brillante va bien.
Y hay una pregunta más allá de cierto sabor a responso, mientras mi resfrío carcome (o eso me hace sentir por dentro) los huesitos frágiles de mi nariz que quisiera pecosa, pero que es levemente respingada y redonda.
Hace un tiempo que no llevo remeras panfletarias, pero estoy arduamente combativa ante quien se me cruce, y sigo defendiendo con uñas y dientes todo lo que pienso.
Mientras imagino lo que vendrá, intento surcarme un futuro haciendo como que estudio, leo textos sobre temas algunos más otros menos interesantes, e imagino la posibilidad de ser madre, de tener una editorial propia y de ser alguna vez una persona leve.
Mientras, me amo desnuda, con pecas en la espalda plagando mi espalda y ojos verdes que pretenden mutilar los dolores.
Digo palabras que me convencen.
Al menos es algo.
Y hay una pregunta más allá de cierto sabor a responso, mientras mi resfrío carcome (o eso me hace sentir por dentro) los huesitos frágiles de mi nariz que quisiera pecosa, pero que es levemente respingada y redonda.
Hace un tiempo que no llevo remeras panfletarias, pero estoy arduamente combativa ante quien se me cruce, y sigo defendiendo con uñas y dientes todo lo que pienso.
Mientras imagino lo que vendrá, intento surcarme un futuro haciendo como que estudio, leo textos sobre temas algunos más otros menos interesantes, e imagino la posibilidad de ser madre, de tener una editorial propia y de ser alguna vez una persona leve.
Mientras, me amo desnuda, con pecas en la espalda plagando mi espalda y ojos verdes que pretenden mutilar los dolores.
Digo palabras que me convencen.
Al menos es algo.
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Descarnada (a flor de piel)
sábado, agosto 08, 2009
Té con limón sin miel
No pasa por la placa
de sonido
ni por los temores
no pasa por las visiones en los trenes
ni por las situaciones oniricopesadillescas
sino porque a veces pesa el pellejo
y no hay ganas de apretar los dientes
ni de estar tensa como un enrejado de alambre.
Eléctrico
eléctrica.
No hay apuro
y todo me corre
y mi boca
y mi boca.
Y allá atrás
como una bruma
están los 252 000 colores
de una pantalla ficticia
como un halo que no se deja atrapar
como ese aliento denso
expectante
denodado
ahogante
y sigue allí
esperándome
esperando a que yo haga algo
y me tranquilice
...
de sonido
ni por los temores
no pasa por las visiones en los trenes
ni por las situaciones oniricopesadillescas
sino porque a veces pesa el pellejo
y no hay ganas de apretar los dientes
ni de estar tensa como un enrejado de alambre.
Eléctrico
eléctrica.
No hay apuro
y todo me corre
y mi boca
y mi boca.
Y allá atrás
como una bruma
están los 252 000 colores
de una pantalla ficticia
como un halo que no se deja atrapar
como ese aliento denso
expectante
denodado
ahogante
y sigue allí
esperándome
esperando a que yo haga algo
y me tranquilice
...
Mi todo. Alejandro Filio
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