La canción es un vaivén que me causa carcajadas que me remontan a momentos en los cuales tenía unos cuantos kilos de menos (por lo menos quince o veinte), fumaba y me vinculaba patológicamente.
Pienso en perros que no sean perros, en personajes nefastos en musculosas amarillas y pelo revuelto y de dudoso color.
Por otra parte, ayer comencé a intentar adelgazar los kilos de más que sobrevinieron (por no decir que me llevaron puesta –pensé en decir "me pasaron como una aplanadora", pero lo pensé mejor, porque de plana, nada de nada–) luego de que me ennovié y dejé de fumar.
Me percibo, por otro lado, con cierto frenesí, cierta aceleración que perturba mi calma y me lleva a un nerviosismo pasajero, como si intuyera que algo bueno está por venir.
Mientras tanto colecciono llaveros, cuadernos y agendas.
¿Estoy para terapia, no?
En el hospicio. Pastoral
martes, marzo 29, 2011
martes, marzo 22, 2011
D'éte
Lo que se siente al nadar en una pileta grande, donde tus pies no hacen pie, donde todo es turquesa o celeste, la presión y el cloro del agua aprietan tus globos oculares, el pataleo cual delfín (en tu imaginario sos leve, difusa, diáfana, etérea, palabras poéticas y luminosas) te llena de energía.
Les jours tristes. Yann Tiersen
El pelo (sí, pelo, no cabello en mi país) húmedo, goteante, chorreando las baldosas, el pasto, el parquet y la cama.
No es lo mismo el acuífero sentir de la pileta que el de la ducha (aunque sean igual de reparadores).
Creo que todo se trata de nadar. Solo. O no. Sola. O no. Pero nadar.
Les jours tristes. Yann Tiersen
jueves, marzo 03, 2011
lunes, febrero 14, 2011
La cerrazón de la serranía
Las piernas se estiran lampiñas y se decoloran del blanco azulado al dorado pálido para llegar, al final de las vacaciones, a un té con leche.
Esa mismas piernas que dos años antes casi fallecen bajo una camioneta cerca de otro cordón montañoso y que esta vez solo fueron víctimas de una abeja y de una cámara fotográfica bajo mi aprobación abrazaron el cuerpo viril de tres años de amor, sintieron un tirón en el muslo izquierdo y caminaron sierras que se imaginaron propias.
Esta vez no hubo más que fotos, no hubo textos en azul lavable ni en cuadernos que llevó la mochila celeste por doquier bañada de esencia de maracuyá, pero sí, palabras apretaditas para el recuerdo personal e íntimo y para invadir de bits (o no) la pantalla de los lectores potenciales y los de siempre.
Nunca se tendrá le certeza de si fue el miedo a la muerte que a veces invade, los efluvios orientales, el yoga ajeno, las meditaciones, torsiones y estiramientos o el aire serrano, pero algo cambió las almas, eso es casi seguro, pequeñamente pasiva, pero genuina metamórfosis.
Hubo brazos y abrazos y palabras malas (las de verdad malas, las hirientes, las que lastiman y hacen llorar, y no hay soplido que cure), pero hubo gestos hermosos, vitales, generadores de pensamiento y magia y dudas sobre los que parecían ser argumentos plantados en tierra firme.
Fueron dos semanas y un plus que parecieron tu aliento en invierno, que se empaña y borra al instante, pero duraron lo suficiente como para generar estas letras...
Al amparo del cielo. Liliana Vitale
Esa mismas piernas que dos años antes casi fallecen bajo una camioneta cerca de otro cordón montañoso y que esta vez solo fueron víctimas de una abeja y de una cámara fotográfica bajo mi aprobación abrazaron el cuerpo viril de tres años de amor, sintieron un tirón en el muslo izquierdo y caminaron sierras que se imaginaron propias.
Esta vez no hubo más que fotos, no hubo textos en azul lavable ni en cuadernos que llevó la mochila celeste por doquier bañada de esencia de maracuyá, pero sí, palabras apretaditas para el recuerdo personal e íntimo y para invadir de bits (o no) la pantalla de los lectores potenciales y los de siempre.
Nunca se tendrá le certeza de si fue el miedo a la muerte que a veces invade, los efluvios orientales, el yoga ajeno, las meditaciones, torsiones y estiramientos o el aire serrano, pero algo cambió las almas, eso es casi seguro, pequeñamente pasiva, pero genuina metamórfosis.
Hubo brazos y abrazos y palabras malas (las de verdad malas, las hirientes, las que lastiman y hacen llorar, y no hay soplido que cure), pero hubo gestos hermosos, vitales, generadores de pensamiento y magia y dudas sobre los que parecían ser argumentos plantados en tierra firme.
Fueron dos semanas y un plus que parecieron tu aliento en invierno, que se empaña y borra al instante, pero duraron lo suficiente como para generar estas letras...
Al amparo del cielo. Liliana Vitale
sábado, enero 15, 2011
Cuando se termina
El aire falta
se hace incienso
ahoga
se enceguece la mirada
los ojos se inflaman
y el cuello se aprieta
por una mano invisible.
Cuando se termina
sabés que el dolor
desaparecerá
y las vivencias
-amargas hoy-
serán dulces recuerdos
-a veces-
alguna vez.
El momento era cercano
predecible
y nadie quiso nombrarlo.
A felicidade. Maria Creuza, Toquinho y Vinicius de Moraes
se hace incienso
ahoga
se enceguece la mirada
los ojos se inflaman
y el cuello se aprieta
por una mano invisible.
Cuando se termina
sabés que el dolor
desaparecerá
y las vivencias
-amargas hoy-
serán dulces recuerdos
-a veces-
alguna vez.
El momento era cercano
predecible
y nadie quiso nombrarlo.
A felicidade. Maria Creuza, Toquinho y Vinicius de Moraes
Etiquetas:
Género negro,
Poética (Litterae)
lunes, noviembre 29, 2010
sábado, noviembre 27, 2010
miércoles, octubre 13, 2010
No quiero ser un pájaro marrón
Morir agazapada en un sillón
vivir bajo los efluvios de tus condenas
No quiero ser un pájaro marrón.
Mi alma de haiku
pequeña y breve
alma de haiku
que no tiene síntesis
pero petende ser sentida
no quiere ser un pájaro marrón.
No quiero grises
ni colores neutros
si nada en mí
se comporta asceta
si los margenes
caducan
–no existen–
si soy extrema
No quiero ser un pájaro marrón
Los pájaros perdidos. Julia Zenko
vivir bajo los efluvios de tus condenas
No quiero ser un pájaro marrón.
Mi alma de haiku
pequeña y breve
alma de haiku
que no tiene síntesis
pero petende ser sentida
no quiere ser un pájaro marrón.
No quiero grises
ni colores neutros
si nada en mí
se comporta asceta
si los margenes
caducan
–no existen–
si soy extrema
No quiero ser un pájaro marrón
Los pájaros perdidos. Julia Zenko
viernes, octubre 08, 2010
Calesita
Quiero dar vueltas y vueltas, y esto excede el hecho de que sea viernes. Quiero ser la protagonista de un videoclip de Regina Spektor, y que haya sol de fondo y mariposas y yo con un vestido blanco...
Y asumo mis clichés y me río en su propia cara. Esta soy yo.
Qué lindo girar y girar con esa despreocupada sensación de infancia, atemporal...
Otra vez las ganas de "mis" proyectos, de abastecer mis necesidades con otra mirada y madurez.
Luminosa luciérnaga soy. (Y me rigen los L, y a la vez soy yo solita quien camina.)
Correr y caminar, y estirar los brazos, y escribir lo que quiero, y asir un eje imaginario, que no importe su orientación, total es solo mío. Mis chakras, mis centros de luz alertas.
¡Qué felicidad!
Y giro, y giro..
Better.Regina Spektor
Y asumo mis clichés y me río en su propia cara. Esta soy yo.
Qué lindo girar y girar con esa despreocupada sensación de infancia, atemporal...
Otra vez las ganas de "mis" proyectos, de abastecer mis necesidades con otra mirada y madurez.
Luminosa luciérnaga soy. (Y me rigen los L, y a la vez soy yo solita quien camina.)
Correr y caminar, y estirar los brazos, y escribir lo que quiero, y asir un eje imaginario, que no importe su orientación, total es solo mío. Mis chakras, mis centros de luz alertas.
¡Qué felicidad!
Y giro, y giro..
Better.Regina Spektor
martes, octubre 05, 2010
En-amor
Hoy quiero hablarte desde mis visceras más viscerales.
Estoy teniendo días excesivamente largos, pero que se me hacen extremadamente cortos (¿por qué los superlativos tienen 'x'), tengo nervios, miedos, malos humores más de lo habitual, berrinches, caprichos que hacen que cualquiera que se me cruce, prefiera "cruzar" a la vereda de enfrente.
Tengo dudas de todo, de mí y de todos.
Escribo cosas tediosas, me quejo de los escritos tediosos que tengo que corregir, y fundamentalmente siento que me estoy perdiendo de disfrutar muchas cosas.
Pero hay una que no quiero, especialmente, dejar que se me pase de largo.
Hoy fuimos a ver casas.
Eso significa que llegaste.
Alguien me ama solo a mí. Vos.
Me elegiste, me elegís.
Por primera vez vas a tener tu casa fuera del ala paterna. Y querés que sea conmigo.
Gracias.
Porque yo soy porque vos sos.
When I fall in love. Nat King Cole & Natalie Cole
Estoy teniendo días excesivamente largos, pero que se me hacen extremadamente cortos (¿por qué los superlativos tienen 'x'), tengo nervios, miedos, malos humores más de lo habitual, berrinches, caprichos que hacen que cualquiera que se me cruce, prefiera "cruzar" a la vereda de enfrente.
Tengo dudas de todo, de mí y de todos.
Escribo cosas tediosas, me quejo de los escritos tediosos que tengo que corregir, y fundamentalmente siento que me estoy perdiendo de disfrutar muchas cosas.
Pero hay una que no quiero, especialmente, dejar que se me pase de largo.
Hoy fuimos a ver casas.
Eso significa que llegaste.
Alguien me ama solo a mí. Vos.
Me elegiste, me elegís.
Por primera vez vas a tener tu casa fuera del ala paterna. Y querés que sea conmigo.
Gracias.
Porque yo soy porque vos sos.
When I fall in love. Nat King Cole & Natalie Cole
jueves, septiembre 30, 2010
Yo 2.0
El placer del texto es ese momento en que mi cuerpo comienza a seguir sus propias ideas –pues mi cuerpo no tiene las mismas ideas que yo–.
El placer del texto. Roland Barthes
¿Hasta cuándo mi cabeza se apoderará de mí, de mi boca, de mi cuerpo, de mis humedades y mis manos?
¿Cuándo dejará de invadir mis pensamientos, traspasar mis discursividades y arrasar mi lengua para vomitar palabras innecesarias?
¿Qué ocasionará la vibración extrema de mis visceras que no se calman siquiera con los miércoles blancos y rojos, y solo puedan descansar bajo los influjos de las yemas de mis dedos?
¿Por qué el estremecimiento y mi piel alerta, que me hacen arquear como un violín?
¿Cuál será la receta para el silencio, para resguardar y proteger mi intimidad más preciada?
¿Cuál?
Time of your life. Green day
martes, septiembre 21, 2010
jueves, septiembre 02, 2010
Canción naranja para día de lluvia
“Alpiste” dijiste
Y yo me escondí.
Pegoteamos la boca en un beso
Y el gato bostezó en su sillón.
Los cachetes se erizaron con la carcajada que me gusta.
Y qué sí
Y que no, pará.
Cosquillas van, cosquillas vienen
Ahora me acordé, queda un chupetín en mi mochila celeste.
Y acá les dejo una yapa de una participación que hice en mini sagas.
Hoppípolla. Sigur Rós
martes, agosto 24, 2010
Y @tuty512 tenía razón...
Me desperté como quién no quiere la cosa, pero el clima pre, intro y post ducha me salpicaron de una onda que sacudieron el miedo de la vispera.
Cierta osadía me abrazó (¿o me abrasó? con esto del calentamiento global...). El colectivo se me fue, una vez más, pero a pesar del miedo de la vispera, cierta tranquilidad se apoderó de mí.
La jornada laboral transcurrió como si nada, pero @tuty512 ya me lo había advertido, había sensación de rareza en el ambiente. Y no le hice caso.
Me vine a casa, avance. Rutina, rutina, ocr, escaneos, bajar manual de un programa, más rutina, más ocr y correciones. La compu colgada, también parte de la rutina...
Y nada sorpresivo...
... hasta hace un rato...
A través de la pantallita del msn, como si fuera una pavada, me enteré de algo que, en cierta manera, es trascendental.
No hay queja, ni interrogante más que..., ¿qué está pasando dentro de vos?
Never be lonely. The feeling.
(Gracias a D corrector por la musicalización de este post. ;))
Cierta osadía me abrazó (¿o me abrasó? con esto del calentamiento global...). El colectivo se me fue, una vez más, pero a pesar del miedo de la vispera, cierta tranquilidad se apoderó de mí.
La jornada laboral transcurrió como si nada, pero @tuty512 ya me lo había advertido, había sensación de rareza en el ambiente. Y no le hice caso.
Me vine a casa, avance. Rutina, rutina, ocr, escaneos, bajar manual de un programa, más rutina, más ocr y correciones. La compu colgada, también parte de la rutina...
Y nada sorpresivo...
... hasta hace un rato...
A través de la pantallita del msn, como si fuera una pavada, me enteré de algo que, en cierta manera, es trascendental.
No hay queja, ni interrogante más que..., ¿qué está pasando dentro de vos?
Never be lonely. The feeling.
(Gracias a D corrector por la musicalización de este post. ;))
lunes, julio 12, 2010
El kiosco
Nunca fui al kiosco, a ese kiosco donde probaban las últimas golosinas que habían salido, en el que espiaban las curvilíneas pantorrillas de las transeúntes que caminaban por el andén.
Ese espacio que era más que un kiosco, sacrosanto ámbito en el cual, de palabra, se hicieron hombres, reducto de confidencias (¿y de confinamiento?), de tardes y tardes de vagancia, de paso, de compañía, escape certero para huir de casa, del tedio, usina de películas absurdas, de cuadernos ilustrados, de sonrisas y, estoy segura, de lágrimas alguna vez.
Sin embargo, y a pesar de las fotos, de imaginarlo una y mil veces, nunca lo ví abierto, nunca estuve allí.
Y hoy, en ese arrebato que genera la nostalgia me pregunté si aún estará abierto, o si sólo estará habitado por los chicos que fueron, por los hombres que imaginaron ser...
* * *
En el tiempo en el que viví sola –o no tanto– todavía era posible correr de noche al kiosco de la esquina.
Recuerdo haber querido comprar un rollo de papel higiénico, de madrugada, un fin de semana, y como al buen hombre no le quedaba más, me dio el que tenía en su trastienda.
Me acuerdo de las golosinas –las pocas que compraba en esa época–, de los desesperados atados que compraba cuando fumaba y llovía, cuando fumaba y estudiaba, cuando fumaba y compraba...
Ese kiosco resistió mi mudanza (y los cuatro años que viví allí). Hace poco volví a transitar delante suyo una vez por semana, y hace un par de miércoles descubrí que el kiosquero amigo seguía allí. Él no me reconoció, pero a mí se me emocionó el alma.
* * *
Cuando te conocí iba a tu casa en otro colectivo, e, incluso, volvíamos en otro colectivo (o tomabamos el que tomamos hoy, pero en otra parada). Cuando empecé a quedarme a dormir en tu casa, y quedarme hasta los lunes por la mañana, juntando modorra y algo de ganas de ir a trabajar, era cita obligada comprar algo en el kiosco, más para conseguir cambio que por necesidad de algo.
Eso duró bastante. Incluso, sucedió que cambié de colectivo, y el kiosco, de dueño.
Hace un tiempo, este año casi con certeza, cerró su ventanuco. Y yo nunca compré nada allí.
Demasiado. Lisandro Aristimuño
Ese espacio que era más que un kiosco, sacrosanto ámbito en el cual, de palabra, se hicieron hombres, reducto de confidencias (¿y de confinamiento?), de tardes y tardes de vagancia, de paso, de compañía, escape certero para huir de casa, del tedio, usina de películas absurdas, de cuadernos ilustrados, de sonrisas y, estoy segura, de lágrimas alguna vez.
Sin embargo, y a pesar de las fotos, de imaginarlo una y mil veces, nunca lo ví abierto, nunca estuve allí.
Y hoy, en ese arrebato que genera la nostalgia me pregunté si aún estará abierto, o si sólo estará habitado por los chicos que fueron, por los hombres que imaginaron ser...
* * *
En el tiempo en el que viví sola –o no tanto– todavía era posible correr de noche al kiosco de la esquina.
Recuerdo haber querido comprar un rollo de papel higiénico, de madrugada, un fin de semana, y como al buen hombre no le quedaba más, me dio el que tenía en su trastienda.
Me acuerdo de las golosinas –las pocas que compraba en esa época–, de los desesperados atados que compraba cuando fumaba y llovía, cuando fumaba y estudiaba, cuando fumaba y compraba...
Ese kiosco resistió mi mudanza (y los cuatro años que viví allí). Hace poco volví a transitar delante suyo una vez por semana, y hace un par de miércoles descubrí que el kiosquero amigo seguía allí. Él no me reconoció, pero a mí se me emocionó el alma.
* * *
Cuando te conocí iba a tu casa en otro colectivo, e, incluso, volvíamos en otro colectivo (o tomabamos el que tomamos hoy, pero en otra parada). Cuando empecé a quedarme a dormir en tu casa, y quedarme hasta los lunes por la mañana, juntando modorra y algo de ganas de ir a trabajar, era cita obligada comprar algo en el kiosco, más para conseguir cambio que por necesidad de algo.
Eso duró bastante. Incluso, sucedió que cambié de colectivo, y el kiosco, de dueño.
Hace un tiempo, este año casi con certeza, cerró su ventanuco. Y yo nunca compré nada allí.
Demasiado. Lisandro Aristimuño
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