
Es la madrugada de un sábado luego de un viernes feriado que nos recuerda –con o sin escarapelas– el primer gobierno (patrio)… El próximo sábado ya voy a ser dueña de mi propio gobierno. A partir de junio (o sea del viernes por venir… porvenir…), nada va a volver a ser como hasta ahora en mi vida laboral. Hoy la incertidumbre tiene sabor a dulce, como los resabios de chocolate de mis comisuras…
Y estoy frotando mis neuronas con fruición, tratando de sacarles chispas de inspiración e ideas que me respondan a ver cómo le digo a un autor que su libro es un diamante en bruto (risas), y cómo haré para editar dos libros muy diferentes, en un lapso de tiempo muy ridículo (quince días y un mes, a lo sumo…); y cómo haré para rendir al menos un final en la fecha de julio, y tener vida social, y, y , y …
No tengo tiempo para respuestas –ni quiero insumirlo en preguntas–, prefiero ver la luna, y disfrutar de un cedé maravillosamente regalado, que casualmente me recuerda a mi hermana, a kilómetros de distancia.
La inspiración no está de mi lado, sin embargo, soy feliz…
El viejo. La vela puerca.














