Abrí el manual y busqué algunas cosas que justificaran mi traslado hacia el trabajo, que se me estaba tornando algo arduo y aburrido, porque ni siquiera hay mucho para hacer; lo que me hizo pensar que comenzaba a dejar de ser divertida la idea de «Pasantía rentada» que yo tenía al principio.
Luego de un rato de viaje, cerré el libro, y a poco de llegar a mi destino, escuché:
—Mami, yo quiero un marido millonario.
—Dejá de decir boludeces, por favor.
No pude más que darme vuelta y sonreir.
—La chica se dio vuelta.
—Y, si decís pavadas.
Volví a darme vuelta y dije:
—Cuando seas grande van a haber otras cosas que te importen más —cambiamos miradas con su mamá, con ella, me incorporé, acomodé mis cosas, me levanté de mi asiento y me fui al fondo para bajar.
Ahí me di cuenta de que el rayito me está atravesando de a poco, y que estoy siendo feliz con mi circunstancia, con mi realidad, con los proyectos que asoman, y con los abrazos con ojos color miel... *

*Las cosas pasan cuando uno menos lo espera...
Se va, se va, se fue.Fernando Cabrera y Jorge Drexler