martes, julio 11, 2006

Abúlica

A veces creo que puedo –y debo– escribir todo lo que me pasa, y en otros momentos quiero devenir en ostra... No quiero exponerme más, no quiero que mi cabeza se desordene, quiero hallar el eje que me ate los pies a la tierra (¿o Tierra?), asirme a la ley de Gravedad –grave, grave–, quiero ser invisible para todos –mentira–, o al menos para todos aquellos –buenos y no tanto, malos y no tanto– que se encuentran conmigo en el preciso rincón de mi flaqueza, que perciben mi miseria, y tal vez, sin intención alguna, se radiquen allí para hacer morada, y eso es peor...
No soy infeliz, lo sé; lo que es certero es el acto mismo de la dimisión a mí misma, a mi gobierno, coyuntura, ese es mi error... Quiero dar vuelta la cara, y la página de este libro, no, no, mejor arrancarla, y que ni siquiera quede el pegote de la encuadernación –la mía– a mi columna –incólume–, arrancar los hilos... Soy una vertebrada superior, pero en estado de invertebrado –ameba, paramecio–, con vacío en el cuenco de los ojos, en el esternón latiente, y por supuesto, en mi ser femíneo. Y allí caigo, intentando saciar un hambre que no le corresponde a ese abonado en servicio (o porque no figura en guía, o porque no es el indicado, o porque se le cayó su paracaídas en territorio y tiempo equivocados, y en mi afán de rescate, tomo la mano incorrecta, en territorio y tiempo equivocados, para otra vez fracasar en el intento, y confundir enamoramiento con hipnosis...)

No más envenenamiento a gotas, en dosis ínfimas –pero sentidas–, de monitor, de rayos que me enceguezcan, de nicotina que se coma pantagruélicamente mis pulmones, mis alvéolos, mis pleuras; de imaginarios nadacolectivos –propios, bien propios– que no sean más que eso: un angustioso teatro de sombras, figuras borrosas –nunca reales–, realidad virtual –ese oxímoron que hoy mencionaste–.
Dejo la inercia, la impavidez para más tarde, para cuando no haya urgencia –como ahora– (¿existe ese tiempo?), es preciso caminar en este instante, no puedo detener la marcha ahora. No quiero deshilacharme en prepotencias, en miedo a la muerte por no haber dejado siembra ni cosecha.

Es harto necesario caminar, y aunque cueste, lo deseo. No más revoluciones sin sentido, pero si batallas contra la modorra de la ceguera, contra la obnubilación de lo ficticio, contra la idealización de lo absurdo: no soy un personaje de historieta –ni mucho menos, ni mucho más–, soy de carne y hueso, y tengo sangre por mis venas, y el segundero del reloj sigue girando…

6 comentarios:

  1. Hola Julieta. Una pregunta muy descolgada... sabes que pasó con Orsai o Petit Orsai??????? Estoy intrigada porque entro y no hay nada. Disculpa la molestia. Un beso.

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  2. No sé quién sos, pero si al menos ellos te trajeron a mí, me alegro... Orsai existe -vegetativo pero aún respira...-, en cuanto a Petit..., no sé... Al final de Orsai tenés el mail de Casciari, por ahi se digna a responderte, más que eso, no puedo decirte.
    Besos, y te sigo esperando en mi casa.

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  3. Si, que feo no presentarse. Soy una Orsaiadicta, aunque x diversos motivos me cuesta mucho postear.Tambien me encanta leer los comments (del primero al ultimo) y de hecho es como si a muchos de uds. los conociera. Me gustó tu blog y te voy a seguir visitando...hasta la próxima.

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  4. no sé porqué sale anonimo.......soy nataloide.

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  5. Ahh, ya sé porqué, que idiota!!!!! Un beso. Ojalá Orsai reviva muy pronto (no sabes como extraño)

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  6. Nataloide:
    es un honor lo que decís... Ojalá te hagas malaspalabrasadicta...
    Con respecto a Orsai, no sé qué decirte...HC, no responde ni en el chat...
    Te sigo esperando, cuando quieras.

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Sin caer en la tentación de ser pedante, descubro que la polifonía y la hipertextualidad me han hecho más rica.
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