martes, diciembre 26, 2006

Seven

(Ésta es la séptima consigna del taller, que a próposito, les comento que ya terminó por este año, y era la de crear un personaje a partir de un trabajo grupal)
Si supiera de Plutón
Al Profesor Jaimovich, 10 años después
Un día no vino más. Bah, una noche. Venía de noche. El profesor Jaimovich era un ser extraordinario. Teníamos un acuerdo tácito: no más preguntas. Él me daba una lista con los libros que necesitaba, que buscaba, y yo se los llevaba hacia el sector del fondo, donde se sentaba siempre. Nunca varió de asiento. Ni de actitud. Monosilábico.
Estuvimos en contacto durante un periodo de dos o tres años. (¿O fueron cuatro?). Durante ese tiempo, tampoco recuerdo haberlo visto tratar a alguien. A excepción de un gesto que no falló en ninguna ocasión: rascarle la panza a Petra, la gata de la biblio. O sí, ahora que recuerdo hubo: cuando tuvo cría, ella, no él, y cuando pasó una temporada afuera. Él, no ella… Ah, por supuesto, y cuando el profesor dejó de venir.
Traía el listado de los libros escrito en papel de fiambre, que yo sabía, sin mencionárselo nunca, que era el envoltorio de los sándwiches del buffet. Eran teorías relativas con migas, o astronomía comparada con restos de salame, y así. Silencio tácito. Desenfado condimentado con mayonesa en la comisura de los labios.
En referencia a los libros que el profesor solicitaba podría haber escrito tres tesis completas para mi carrera. La exhaustividad de las referencias, los detalles de las solicitudes, la parsimonia de la escritura eran profesionales, predestinadas. Parecían cartas de amor. Eran dedicadas. Dedicatorias. Se tomaba el tiempo para hacer los pedidos. Y también para recibirlos. Jamás me apuró, ni a Noelia, la bibliotecaria de la mañana, con la que nos cruzábamos notas (muchas veces advertencias sobre malos humores de docentes y alumnos, por no encontrar el material requerido) o algún gesto-comentario en referencia al día a día, sin embargo en el tiempo en el que estuve a cargo del turno vespertino y al que concurría el profesor, nunca hubo ni una queja de su parte. Y eso que era una eminencia. Y eso que sus listados eran mapas complejos. Nunca supe bien qué buscaba. Un tesoro. Una verdad absoluta. Un mito o leyenda. Pero en eso se transformó él.
Según dicen los que dicen, buscaba vida más allá.


Más allá de este planeta, de este sistema solar. Y los libros que buscaba versaban sobre eso. A pesar de ser profesor de física, buscaba una trascendencia a la materia y a la energía. Buscaba vida.
Y si bien fue una presencia invisible en este recinto (no así dentro de la facultad, ni para los profesores detractores, ni para los alumnos zalameros) dejó una huella imborrable en este espacio. Los últimos libros nunca los vino a buscar, y en su silla del fondo nadie ocupó su lugar. Sólo Petra. Y alguna miga del bar…



5 comentarios:

  1. Querida mía,

    Al leer tu relato, me siento otra vez allí, en aquella silla donde la luz era la adecuada, y donde la pequeña Petra nunca faltó.

    Debo disculparme por mi ausencia, por mi fugaz partida, por mi irresponsable omisión al no recoger mis libros.

    También quiero confesar mi agradecimiento eterno por tu perseverancia, por tu búsqueda y por tus siempre certeros encuentros.

    Hoy estoy en otro espacio, otra dimensión, otro mundo, pero sigo releyendo en mi mente los libros que tú me facilitabas, y si bien ya no necesito migas de pan, se que en ellas está el camino a casa.

    Feliz año.

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  2. Profesor Jaimovich:
    me congeló la sangre leer su mensaje, pero supe al instante de donde provenía. Gracias por su visita, lejana y cercana a la vez.
    Y Petra se alegró, siempre lo esperó (al igual que yo), y aún en su rincón sigue su espectral (y espectacular) presencia..., y en mi escritorio, sus libros...
    Respetuosos saludos desde este más acá (dentro de un más allá para ud.):

    La bibliotecaria

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  3. Sol:
    desapareció y nunca se supo si incluso se fue con los extraterrestres (sic)
    besos, y te espero a la vuelta:

    Ju

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Sin caer en la tentación de ser pedante, descubro que la polifonía y la hipertextualidad me han hecho más rica.
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