jueves, mayo 04, 2006

Cuestiones de lenguaje (1)

Este es un texto que escribi el año pasado para una supuesta publicacion que nunca vio la luz, pero que a mi me dio muchas satisfacciones.


To be fashion or to be “out”, that’s the question?




Las palabras son símbolos que postulan una memoria compartida. Jorge Luis Borges . El Congreso. El libro de arena. (1975)


Creer que cualquier tiempo pasado fue mejor es un error o, justamente, una ironía del tiempo y del destino... El pretérito tiempo posee múltiples usos –más allá del doloroso de ser conjugado, claro está– entre los que se podría mencionar el hecho de ser retomado una y otra vez. Incluso están de moda lo viejo, lo antiguo y lo primitivo (vamos, vamos todos a imitar a Enrique el antiguo, personaje grotesco, creación de Guillermo Francella, sin palabras...).
Si nos detenemos una décima de segundo –no se apure ni se preocupe tampoco: en breve esto ya será pasado... – a observar algunas cotideaneidades, todo el tiempo estamos ejercitando el músculo del ayer, del no olvidar o del recordar –para no ser negativo siempre, ¿vio?–, y como "para muestra basta un botón” –frase antigua si las hay y de la que a la vez desconozco su origen y por qué y para qué es utilizada, pero que “cae como anillo al dedo” para el tema aquí tratado... – me interesaría mostrar un fenómeno particular y significativo que se da en el campo de la música, y es el de llamar a la falta de creatividad, “remix”, lo que genera como resultado aberraciones monstruosas que a Ed Wood y a Alfred Hitchcock les causaría urticaria de la envidia –y no de la sana justamente–; otro tanto sucede con el acto de hacer que bandas desconocidas –e incluso géneros musicales casi antagónicos– interpreten covers (canciones que alguna vez fueron éxitos o “número uno”): he llegado a escuchar versiones de baladas –y no tanto– extranjeras con ritmo a –la siempre bien ponderada y nunca ausente– “cumbia villera”... Ojo, no me gustaría ser tildada de reaccionaria, porque tampoco es que esté en desacuerdo con –y/o en contra de– éstas “manifestaciones culturales”, sino que más bien adscribo a lo que postula Walter Benjamín con relación a la “reproductibilidad técnica” –o mejor dicho, a su irreproductibilidad... – de la obra de arte, en la que la copia no es más que eso –pura copia, reproducción y no objeto de arte, sino producto– ya que pierde su aura, sólo existente en la obra original. Esta idea será retomada más acaloradamente por Adorno y Horkheimer (Escuela de Frankfurt) con el concepto de “industria cultural”, pero esa es otra historia... Me retuerzo de sólo pensar en que –continuando con esta metáfora apocalíptica– somos –y hacemos– fotocopias... Es triste –y aburrido–, por cierto, que lo novedoso, lo vanguardista, lo top, sea lo anacrónico.
Sin embargo, y aunque mal nos pese, somos historia (incluso mucho antes de llegar a este mundo): somos una sumatoria de actos pasados que nos definen y de eso, por supuesto, no nos hacemos cargo –salvo excepciones muy contadas– ni tampoco podemos huir. Yo no soy –ni tengo– una verdad absoluta, eso sí, soy el fruto del amor de mis viejos y del pasado. Mis treinta y un años –por suerte no muy notorios– son eso: recopilación retroalimentada –¿o retroalimentaria? – de momentos, de palabras, de vivencias, de negaciones, de negociaciones, de fiestas, de historias, de histerias, de llantos a los gritos, de carcajadas sin pudor, de poemas, de cigarrillos, de vino, de comidas, de libros, de pasiones sudorosas, de miopías, de películas, de teatro, de música, de fotos, y de tanto, tanto más...
Miro mi ayer y encuentro actitudes y sucesos de los que hoy me avergüenzo un tanto –bah, en realidad bastante–, no obstante, prefiero que sea así; como dice Joaquín: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió[...]”, y es por eso que le di crédito, y como siempre fui muy mesurada para todo, hoy no paro de arrepentirme por las cosas mal hechas y consolándome porque al menos las hice (“el camino al infierno está plagado de buenas intenciones” sería mi justificación...).
Lo bueno de vivir retrotrayéndonos es que alguna vez vamos a estar “a la moda” (aunque más no sea en algunos aspectos) porque cada tanta cantidad –no recuerdo en este momento a cuánto equivale “tanta cantidad”– de años la moda se repite, así es que si a alguno le importa algo no estar al margen de ella, es vital continuar llevando a cabo ardorosamente los patrones habituales de conducta –tal vez llegue a marcar tendencia– sin olvidar, por supuesto, destinar un placard –anque una habitación entera– con modelitos inusables siquiera para fiestas de disfraces, por las dudas, pero no sea cosa que se ponga de moda una campera escocesa azul entallada años 50, y uno la haya donado de buen grado a una escuelita en Añatuya...

Paroles, paroles, paroles.

Dentro de mi elección por analizar lo ya acontecido –reconozco que no es azarosa ni inocente– se encuentra el ámbito de las palabras. Hay expresiones, para mí, que no sé –o tal vez sí– si será por su carga afectivo-emotivo-simbólica, o por pura simpatía nomás, que son “utilizables” más allá de su antigüedad. Y un claro ejemplo de esto es el hecho de que jamás nos “besamos” (registro muy formal), ni “apretamos”, ni “tranzamos” con mi novio, sino que chapamos –y aún sucede–, y al relatarlo me enfrento con sonrisas socarronas, miradas asombradas o piadosas que traducidas desde su mismísimo interior expresarían algo así como: “Pobrecita, ¡qué anticuada!”. Y la opción elegida responde, no a una necesidad imperiosa de diferenciarme, ni siquiera a la idea de redescubrir reliquias olvidadas, sino a la convicción de disfrutar de palabras que afectivamente están muy ligadas a mí y a mi historia o a situaciones muy vividas o muy simples e incluso –aunque suene anárquico– otras veces, por puro gusto.
No está muy delimitado el origen de algunos vocablos, así como el de refranes o frases que repetimos hasta el cansancio como loros. ¿Qué o quién prescribe a los mismos? ¿y por qué más tarde y sin previo aviso son proscritos? ¿por qué nuestros padres y abuelos dicen “al tun tun” o a la “sans façon” cuando algo se ha realizado a las apuradas o desprolijamente? o ¿por qué al decir que un acto se llevará a cabo hasta sus últimas consecuencias, indicamos la sentencia “a toda costa”? El sentido común nos ayuda mucho en estos casos, y en una cena entre amigos, descubrí que a la sans façon, proviene del francés (sin hacer), lo cual conduciría irremediablemente a “mal hecho”, y al galicismo “a la sanfasón”; y también, que “a toda costa” sería similar a “contra viento y marea”.
El tiempo transforma, modifica, corroe, añeja, mejora y, por supuesto, beneficia. Y como esto sucede en todas las esferas de nuestra vida, el lenguaje no queda exento de ello. Lo más maravilloso de este predecible y curioso hecho es que, por suerte, el dios Cronos ha erosionado letras de algunas palabras –a Dios, gracias– como por ejemplo la “b”, en “obscuro” y “substancia”, para ser como tienen que ser realmente: “oscuro” y “sustancia”, pero, felizmente, éstas quedarán en el olvido como un mal sueño. Lamentablemente, no es el caso tan afortunado y acertado de otros términos que sí se han incorporado a nuestro léxico –a fuerza de las garras implacables y subyugantes del tiempo y de la moda– y que desvirtúan la lengua, y en muchos casos –no sé cuál será el motivo primigenio– provienen del ámbito gastronómico, culinario o alimenticio, como son los casos de “papa frita”, “salame”, “queso”, “jamón del medio”, o por qué no, degeneraciones del inglés, como es el caso de “master”... Realmente terrorífico.

¿El tiempo es el dueño de la moda o viceversa?

Como todo en esta dichosa vida –nos guste o no– está regido casi sine qua non por la moda, y si no marchamos firmes como soldaditos a través de sus filas, estaremos demode (hoy out por sí alguien no me entiende), y en el peor de los casos seremos denostados, o tal vez expulsados del establishment...
Sin embargo, a mí siempre me atrajo la idea de libertad de tiempos –lo cual me ha traído aparejado conflictos de pareja– y de modas –definiéndome, muchas veces y mucha gente, como con un “estilo muy personal”... – y en un afán por retroalimentarme de vocablos, más que por recuperar el pasado, juego con las palabras. Por todas estas cuestiones es que reivindico la idea casi demente de retroalimentación, de buscar en el ayer expresiones y palabras contextualizándolas, en y con mi presente, en mi discurso, y así encontrar mi forma de expresión. Afirmo, abierta, irónica y simpáticamente, que puedo ir tanto a un cocktail, como juntarme en un happy hour, indistintamente (y muchas veces circunstancialmente), pero no puedo encontrar sustitutos válidos para reemplazar el “cajetilla” o el “bacán” que emplea mi viejo –y tanto me hacía reír de chica–, ni mucho menos incorporar terminología que no me comunica nada... Es necesaria la convención en el lenguaje para nuestra supervivencia –como el aire–, concepto que terminó de cerrarme en algunas materias de mi carrera, pero esto no se contradice con que yo vaya marcando mi destino y que me encuentre hablando dentro de mi circulo con “mis” palabras viejas, recicladas...
Cuando empecé a estudiar Psicología –carrera inconclusamente asumida– aprendí que todo está íntimamente relacionado con nuestro pasado afectivo y a partir de allí nos vamos formando –o deformando, según sea el caso– cubriendo nuestras estructuras con cosas que vamos incorporando hasta llegar a ser quienes somos hoy en realidad. Pero hay una búsqueda constante de ese pasado y de esas palabras “generadoras de vida” que nos definen.
Gracias a frases que se nos impusieron cuando éramos chicos –y hoy en día los ”pibes” las repiten desconociendo su origen– como el grito entrañable, pero no menos descabellado de Palmiro Caballasca –en la segunda versión del inolvidable ciclo “Señorita Maestra” que yo miraba de reojo, ya que en mi casa “no se veían telenovelas”, una paradoja ahora que lo pienso bien... – de “Me hirve la cabeza” es un error de conjugación gravísimo, para la gramática aunque no así para la lógica, como nos explicaba Silvia, una docente increíble de Corrección de Estilo, que nos explicaba por qué los chicos menores de seis años conjugan los verbos así, ya que siguen la “real” lógica de razonamiento, la cual no tiene absolutamente nada que ver con las concesiones –o no– otorgadas por las “Academias” ni por las convenciones de regularidad o irregularidad de las conjugaciones verbales.
Falta muy poco para que me reciba, y parece increíble. Y miro para atrás y me desconozco, así como a situaciones que viví durante estos “excesivos” y largos seis años, pero si algo me enseñaron, además del tesón y del “Retroceder nunca, rendirse jamás”, fue el amor a las palabras, a la cultura, al hablar bien, pero a la vez respetando nuestro propio estilo, porque como también nos decía Silvia, el discurso oral –su registro– nunca es exactamente igual que su correlativo escrito.
Me tomo la licencia de decir que nuestro hablar –el mío al menos– permite jugar –algo que ya había mencionado antes–, satirizar al lenguaje, pero esto no quiere decir bastardear ni faltarle el respeto... No obstante, nos llevaríamos sorpresas increíbles... Hoy todo el mundo es angloparlante –como está de moda el “english”–: me contó Adelina, una amiga Licenciada en Publicidad, que una tarde, realizando una encuesta en la puerta de la iglesia del Pilar, en nuestro afamado barrio de la Recoleta, se le acerca un extranjero para ser entrevistado y un linyera (¿homeless? (¡!)) que estaba a pocos metros de esta escena, al escuchar que el intercambio era en idioma extranjero –inglés– suplicó: “Good morning, ¿me da una moneda?”... Plop. Eso en la época de mi abuelita no pasaba... .
En la era de la globalización todo es posible, el tiempo y las distancias se acortaron, pero finalmente uno elige qué vivir y cómo, así que si usted prefiere ir a un happening o a una rave, sólo dependerá de usted, claro está y de quien lo acompañe... siempre y cuando sea comprendido...




copyright 2005 Julieta Botto

5 comentarios:

  1. HOla! Qué bueno tener tiempo ganas y paciencia para escribir un blog personal... Todavía no tengo uno. Éste www.amigosargentos.blogspot.com comenzó por error (porque soy tan bestia que pensé que para dejar comentarios en estos blogs había qeu tener uno)y quería dejarle comments al de un fliar y este :www.mylanguages.blogspot.com es para mis páginas preferidas sobre idiomas, ambos empezaron abiertos al que quisiera escribir en ellos le cedía la contraseña a cualquier interesado. Y ¡nada!Me da pena suprimirlos... así que sobreviven...Nos leemos en lo de Casciari Mafaldita

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  2. Hello Julie
    Estoy en Rosario, así es. Estuve afuera algunas veces pero por poco tiempo y es duro aunque estés rodeado de argentinos...(nunca fue mi caso). ya ves es muy poco lo que YO escribí en argentos. Si tenés ganas de escribir algo sobre el tema decímelo el blog puede tener varios miembros y recién empieza ;) Saluditos Mafi

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  3. Acabo de descubrir este blog, y resultóme un gusto pasar a husmear el contenido. Google me propuso llegar luego de darle la siguiente indicación: "cuestiones de lenguaje", temática que me atrae...
    Saludos

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  4. Gracias por pasar, Daniela, volvé cuando lo desees.

    besos:

    Ju

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Sin caer en la tentación de ser pedante, descubro que la polifonía y la hipertextualidad me han hecho más rica.
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