Malas palabras
 
en un vaivén que dictamina momentos
lunes, mayo 15, 2006

Cuestiones de lenguaje (2)

Picada para dos (o digresiones gastrofilosóficas sobre la personalidad humana)



A mí me encanta comer, disfruto tremendamente de degustar diferentes sabores que me sean atractivos, novedosos. Soy excesivamente sensible, en la más animal de las expresiones, soy muy visual –a pesar de mi miopía–, soy olfativa, táctil, y asi... Es por eso que me resulta una experiencia muy placentera, dejarme invadir por sensaciones nuevas. Mis compañeros de trabajo me cargan, porque tal vez llego un día y cuento que comí conejo, un almuerzo de lunes en casa, o pato confit, en la Recova de Posadas, con mi mamá, un domingo al mediodía, por su cumpleaños...

Así y todo, y mas allá de mis excentricidades a la hora de probar otros paladares, otras culturas y otras historias, no hay quien iguale al “salame y queso”, previo al asado entre amigos, a los ravioles del domingo –que me recuerdan, fundamentalmente a la casa de mi abuela en Adrogué–, o a amigos de mi antigua casa de la calle Viamonte, o solos, ellos dos, con alguna cerveza rubia o negra –no tengo demasiados prejuicios al respecto– infaltablemente helada. Y ellos –entre otros– son los protagonistas de este capitulo aparte en mi análisis anárquico y caprichoso del lenguaje....

De dónde vienen –y hacia adonde van– los significados de determinados significantes es una tarea titánica difícil de sobrellevar porque muchas veces es inconducente e injusta, como en este caso que acá voy a plantear.

¿Por qué a delicias como el salame y el queso, se le atribuyen significantes tan espantosos como el de estupido, corto de genio, incapaz, tonto, y otras delicias similares? No comprendo por qué la fruición –aunque vulgar, reconozcámoslo de una vez– de un sabor es diametralmente opuesto al uso que se hace del mismo en el contexto del habla coloquial. Un papa frita, un salame, un queso –sabores amigables, no solo por los gustos, sino porque convocan– son despectivos que hoy día están demode e incluso hasta son inofensivos e ingenuos, pero que aún se escuchan...

Reconozco ser un poco exgerada y exegeta en torno a “llamar las cosas por su nombre”, pero prefiero utilizar apelativos con otro valor y con “personalidad propia” –lease significado– del tipo mierda, pelotudo, etcétera, que dejar como bobo a un queso mar del plata o a un salame picado grueso...

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propinado por Estar latiendo @ 11:15 AM  

9 dejadas al descuido:

Anonymous fede o vociferó...

hola ju,
tengo una cosa parecida a lo tuyo sobre lo despectivo, pero con las puteadas sexuales.
"eso es una poronga/verga" no debería querer decir que algo es malo, sino todo lo contrario. o no?
y así con "cara de culo", "concha de tu hermana", y tantas otras.
"mierda", "carajo" y "puta madre" son ejemplos de las que sí me gustan.
beso

mayo 20, 2006 4:31 PM  
Anonymous Leandro Suarez vociferó...

No, nada que ver. No seas tan salame querés!

Fue con mucho cariño, si querés te invito a comer uno de bobo y queso.

Trascender el límite de las palabras le da un encanto a la frase que me parece que a veces se justifica. No siempre. Y ojo que también hay cosas lindas. "Mirá que lomo", "Es un dulce de leche", etc.

Somos muy terrenales. Con el sexo, como dijo fede, y la comida, como dijiste vos, más o menos nos arreglamos.

mayo 21, 2006 6:11 PM  
Anonymous fede o vociferó...

en bs as los pendejos de 10 a 15 años en vez de decir "sos un boludo" dicen "sos un pene".

crecen así, dentro de unos años las pendejas se les van a revirar y ellos no se van a explicar por qué.

pobres, no saben lo que hacen.

mayo 22, 2006 10:25 AM  
Blogger Estar latiendo vociferó...

Fede o: dos cosas dos... Te cuento que es un poquito más extensivo, no sólo a los chicos (genéricamente del sexo masculino) de 10 a 15 años, el uso de “pene”: el año pasado trabajaba conmigo una chiquita muy linda en cuanto a lo delicada, de 19 años –hoy 20–, que a toda persona medio tonta, la llamaba “pene”... Lo cual, éstas chiquitas, dudo que se espanten, aunque, literalmente hagan tan mal uso del “pene”... Y vuelvo a reafirmar, que no hay como un buen “mierda”, “pelotudo”, “imbecil”, con fuerza, que por otro lado, para ello existen.

mayo 22, 2006 2:12 PM  
Blogger Estar latiendo vociferó...

Lean: es distinto el uso de una palabra sabrosa para decir algo lindo, que para insultar -los alimentos no tienen la culpa...- Ojo al piojo...

mayo 22, 2006 2:21 PM  
Anonymous El Diego Efe vociferó...

me siento lejos de las conversaciones sobre "significado" y "significante". en mi, la ingeniería reclama protagonismo cuando las ciencias sociales tienden a enfrascarse en esas discusiones que no comprendo del todo. aunque con el entrenamiento que tengo, ya casi como que entiendo!!! jejeje!

vino bien tu reflexión para tenerla en cuenta en momentos en que alguien (un amigo, una novia, un familiar, yo mismo, aunque de ninguna manera un desconocido) me designe como salame, palabra a la cual tengo mucho afecto. me estarán tildando de "amigable", "convocante" o cosas así.

gracias!!!!

junio 02, 2006 10:08 PM  
Blogger Estar latiendo vociferó...

¡efe! Es un placer que hayas venido a mi casa, ¡por fin! Espero que la disertacion sobre el salame y el queso haya sido de su agrado, habiendolo prometido con un año de anticipacion...
Gastronomicamente a sus ordenes,
la que suscribe

pd: a ver cuando ando por los paranaes y nos vemos de una vez...

junio 03, 2006 5:14 AM  
Blogger aleSubliminal vociferó...

me prendo a la causa! cómo utilizar como insulto al nombre de un alimento tan noble... por suerte, ya están en desuso esos "insultos". ojalá no vuelvan, y ojalá que no tomen a nuevos alimentos con tan bajo fin.

noviembre 01, 2007 8:28 AM  
Blogger Estar latiendo vociferó...

Alelito:
Dos cosas:
1) con la carencia alimenticia que hay a veces, utilizar los alimentos para este fin, es lamentable...
2) ¡Y con el salame no, eh!

besos dulces:

Ju

noviembre 02, 2007 2:46 AM  

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Acerca de la autora...

... conocida como: Estar latiendo
Nació y vive (por ahora) en: Capital Federal, Argentina
Ella se pregunta: ¿Qué define a las palabras? ¿Qué las hace buenas o malas, si ellas carecen de esa capacidad en sí mismas? No son más que los contextos los que, más allá de justificados o no, las impulsan a activarse socialmente, los que rigen sus destinos... Ellas se encuentran allí, expectantes, para vibrar en las cuerdas vocales, en los cuadernos apurados, en los libros olvidados, en las canciones de amor...
(sigue en la otra solapa)
Otros títulos de la autora
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Esencias
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Panfletaria
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Soliloquios
Ficciones
Diarios de viaje
Neologismos
Recopilación
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«Si leo con placer esta frase, esta historia o esta palabra es porque han sido escritas en el placer (este placer no está en contradicción con las quejas del escritor). Pero, ¿y lo contrario? ¿Escribir en el placer, me asegura a mí, escritor, la existencia del placer de mi lector? De ninguna manera. Es preciso que yo busque a ese lector (que lo "rastree") sin saber dónde está. Se crea entonces un espacio de goce». El placer del texto. El placer del texto y lección inaugural: de la cátedra de Semiología Literaria del College de France. Roland Barthes.

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