martes, junio 06, 2006

Oda a Oliverio


(a propósito de Espantapájaros I)
Mis tetas sí son de magnolias,
seguramente mi aliento no sea insecticida,
intento volar –en el más amplio sentido del vocablo-acción–
mas no encuentro a mi ser leve
a mi hombre ligero que me haga subir más alto
.
Y es un hecho que las que tienen zanahorias por narices
cazan –cual mariposas– los hombres más volátiles...

debería darle crédito a Oliverio,
y que no importen las jorobas,
las calvicies,
las pancitas cerveceras –ni las otras... –

pero ya no puedo permitirme
un hombre sin sonrisa
sin sentido del humor
sin paciencia para tirarme por tobogán

debería darle crédito a Oliverio,
y que no importen las jorobas,
las calvicies,
las pancitas cerveceras –ni las otras... –

pero ya no puedo permitirme
un hombre sin sonrisa

5 comentarios:

  1. Nena: me encantó, y Onda verde también.

    Con respecto a los hombres con sonrisa, no debe haber nada más gratificante que presentir (sí, presentir) una sonrisa del hombre que te acompaña en la oscuridad, en plena charla, luego de la intimidad y en una intimidad más profunda que la anterior.

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  2. Sos una tierna... gracias. Y sí como eso no hay nada, y es un maravilloso, indescriptible te diría, presagio de felicidad eterna...

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  3. Particularmente, más que la sonrisa masculina prefiero la femenina.

    No me van a comparar los labios gruesos de un tipo con los delicados trazos que delinean la dulce y delicada boca de un rostro femenino. La suavidad que envuelve los besos que recibimos entre las sábanas revueltas en las noches de amor, mientras nos susurran al oído la más vasta eternidad y sentimos cómo el corazón hace piruetas de colores en nuestro pecho tratando de frenar el torrente de felicidad que nos recorre con el impulso de cada palabra.

    Pero, sobre gustos...

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  4. Ya lo dijo el maestro en el capítulo 7 de Rayuela:

    "Toco tu boca, con un dedo voy tocando el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja."

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  5. Gracias por el fragmento del maestro. Eso me recuerda cuando estuve en Paris, y visité su tumba.
    Y en cuanto al tema de la sonrisa, es obvio que a cada uno le gusta el sexo opuesto... (bah..., para algunos, jajaja), y yo prefiero la sonrisa y las lágrimas de un hombre..., a pesar de la tosquedad de ellos...

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Sin caer en la tentación de ser pedante, descubro que la polifonía y la hipertextualidad me han hecho más rica.
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