jueves, junio 01, 2006

Gracias por los libros

El chico de la librería


Hay familias que se caracterizan por ser deportistas, por fomentar la vida al aire libre, los sabados en clubes –por supuesto en familia–, entrenamientos durante la semana, etc. Hay otras casas en donde el arte esta colgado en sus paredes, la musica se escucha apenas uno traspasa la puerta de entrada, porque en esas casas hay un piano, seguro, o una guitarra, o un violín, algun gato maullando desde el fondo del jardín –o patio, da igual–, como en lo de María Julia y Juan –la casa de Juan de soltero, pero sé que en su hogar con Andrea va a ser igual...–. Y hay casas como la mía, donde por paredes hay bibliotecas, y así, también lo era en lo de mis abuelos –fundamentalmente cuando vivían en Arenales grande, con Nene–, o en lo de Sole, sobre la calle Soler…
Hay casas biblioteca. Biblo-casas. Donde Borges te saluda desde al lado de Camus que hace equilibrio para no caerse del estante, porque están muy apretaditos y más no caben… (lo cual es mentira, porque siempre hay lugar para uno más...)
Mamá dice que desde chiquitita yo me ponía a “leer”: agarraba libros, revistas, y los ojeaba hasta que sus páginas quedaban ajadas –seguro tenía uno preferido que obviamente no recuerdo–. Y ahora caigo en la cuenta de por qué, tal vez, estudio lo que estudio, pero esa es otra historia…
Me acuerdo una Navidad, que le pedí a Papá Noel, creo que siete libros, algunos todavía están conmigo, otros, lamento no saber adónde fueron a parar –y la verdad, es que me da cierta bronca…–. Los libros para mí son sagrados, literalmente, algunos, esta mas que claro que jamás saldrán de casa, a excepción de acompañarme, a mí – y sólo a mí– de viaje, vacaciones, o alguna circunstancia similar. Otros, como pueden ser los “objeto de estudio”, que tal vez no sean tan afectivos para nosotros o no nos presenten demasiado interés, consigan ser préstamos a corto plazo, a personas de extemísima confianza. Mi hermana cita a Dolina –creo–, y dice que “aquel que no devuelve un libro es un villano –aunque estoy segura de que era otra palabra, que ahora no recuerdo, ni encuentro en el diccionario (¡qué lo tiró!), pero el que sí, un estupido (sic)”…
De dónde viene tanto amor por la lectura, mas allá de que pueda ser motivado por los padres –todavía me acuerdo de mi mamá leyéndonos, sentada en el borde de la cama de alguna de nosotras tres, cuando vivíamos en la calle Piedras…– es algo tan inexplicable como adorable, pero creo que así como hay inclinaciones para el deporte o las artes o la comida, las hay, también, para la lectura, para poder apretar el switch de la imaginación y echarse a volar por tierras inhóspitas, vivir aventuras inimaginables, llorar hasta despertar al que está durmiendo al lado tuyo –como le pasaba a mi hermana–, reírte, al punto que te da vergüenza porque estás en el colectivo o en el subte, o en el tren… –porque leer en un auto ya es más incomodo, no podría decir por qué, tal vez por la falta de intimidad para sumergirte en tu mundo privado, no sé… –.
Y anteayer, había decidido ir a comprarme La consagración de la primavera, y al llegar a la librería, me empezó atendiendo un señor muy amable, y que o bien tenía mucha labia o bien era un experto en la materia, y vi, que desde no muy lejos, un chico –otro vendedor– no perdía paso –tampoco había mucho espacio–, ni línea de la conversación yo que mantenía con "mi" vendedor, y fue acercándose sigilosamente, hasta estar al lado nuestro, y no sé si fue porque me vio dudosa en pagar los ochenta y cuatro pesos que salía el libro, o porque realmente le importaba lo que estábamos desarrollando en esa conversación ajena –¿y él sentiría propia? – que se sumo a nosotros y en un pestañeo, y por la interrupción de otro cliente, que vino a saludar con un beso a “mi” vendedor, él, quedo estratégicamente ubicado en el lugar del anterior, encontrándonos depronto en una conversación académica y amena –como un líquido amniótico–.
Resultado: me hice acreedora de tres libros, por diez pesos más que la delicia que quería comprar originariamente, y de una duda sobre el acercamiento de este velador de libros –el amor a la lectura que se desgranaba de sus palabras al hablar de ellos era tal que me costaba pensar que sólo lo hiciera por marketing–. Antes de pagar –luego de observar como saludó afectivamente a otro cliente –como amigos de años–, y como resopló ante una adolescente –¿y extranjera? – que no se hacia entender, le agradecí, y me fui al mostrador. Mientras me iba, lo saludé desde lejos –alzando la mano derecha–, él se detuvo por un segundo, me miró, se inclinó levemente hacia adelante, y me dijo: “Después pasá y me contás qué te pareció…”

11 comentarios:

  1. la frase la conozco así:
    hay dos clases de boludos: los que prestan libros y los que los devuelven.
    eso me dijo una amiga mientras me prestaba ficciones, y nunca se lo devolví. qué cagada.

    venía linda la historia de amor con el empleado de la librería.
    esa es lo malo de las librerías: deberían tener probadores.

    ResponderEliminar
  2. ojalá nunca se te ocurra instrumentar la técnica de los supermercados, eso de obligar a tus visitantes a dejar la mochila en algún locker con moneda de un peso. tu biblioteca corre peligro con amigos cleptómanos literarios...

    hablando de libros, yo regalé todos los mios cuando me fui de Argentina, porque pensé que serían mejor aprovechados si otros los leyeran. así que quedé bien con unos cuantos amigos. Desde que volví a la Argentina quisiera recuperar algunos, pero viste que no queda bien andar reclamando la devolución de un regalo. Hago como que no me importa, y apelo a que en un futuro no tan lejano se olviden, me los presten para nunca más devolverlos!!!

    Está muy bueno el nuevo diseño del sitio, pero sobre todo que lo actualizás seguido.

    ResponderEliminar
  3. fede o: muy interesante lo de los probadores, sobre todo porque una libreria, con un empleado acorde es un festin intelectual importante... De ahi, a historia de amor... hmmmmm..., ¿no sera mucho? Segui visitandome.
    Y te voy a denunciar con tu amiga..., encima robar "Borges" es un delito gravisimo...

    ResponderEliminar
  4. Distrito: luego de su ultima frase, lo insto a que me visite seguido, y a que usted actualice con mayor asiduidad...
    Lo de los lockers es una buena estrategia, asi como ponerle esas etiquetitas que chillan cuando pasas por el detector... (pero es una tecnologia demasiado cara...)
    ¿Ud. pensaba quedarse mucho tiempo en el exterior que regalo los libros? Porque es una decision muy descarnizada para tomar con tanta ligereza..., despues termina leyendo "El codigo Da Vinci"..., ¡que no se diga! Mire que su cultura personal es un bien muy preciado, y ud. lo sabe...
    Hasta prontis, y un beso desde esta ciudad de alientos correctos.

    ResponderEliminar
  5. ni tanto. otro principio dice que los libros de borges y los discos de los beatles no se prestan, se regalan.

    de cualquier manera, yo tuve la intención de devolverlo... es que dejé de verla.

    lo de los probadores está muy bueno. "cómo me queda este hojas de hierba? no me tira un poco de sisa? y si me pruebo ese de camus?

    ResponderEliminar
  6. Fede:
    excusas, viles excusas... ¿Se regala Borges?, sí; ¿se regala los beatles?, sí, pero cuando uno así lo desea..., no cuando decidís autoinventar un distanciamiento absurdo e inexistente porque le vaciaste todas las colecciones a ese amigo de siempre, motivo solo por el cual mantenías la amistad... Eso es muy feo... Eso no se hace... (ji)
    Cuando tenga mi propia librería -porque además de la editorial quiero tener una librería intimista con actividades culturales, etc.- veré de implementar el tema de los probadores...
    ¡Ah! Me olvidaba, ¿me prestás Hojas de hierba?
    besos de mandarina
    pd: ¿en tus años mozos eras habitué del Parque Lezama?

    ResponderEliminar
  7. no puedo prestarte hojas de hierba. lo presté y no me lo devolvieron.

    lo mismo con "la peste", de camus.

    qué lo parió.

    ResponderEliminar
  8. no puedo prestarte hojas de hierba. lo presté y no me lo devolvieron.

    lo mismo con "la peste", de camus.

    qué lo parió.

    ResponderEliminar
  9. Fede O: parece que vos sos bien “boludo”... –con cariño, obvio–, porque te han robado libros (¡clásicos encima, pibito! ¡¡¡eso no!!!), y porque vos has hecho lo propio... Bueno, veré de conseguirme por mis propios medios un “Hojas de hierba” (tendré que ir a visitar a mi librero amigo...)

    ResponderEliminar
  10. También leí aquello de "hay dos tipo de boludos..."
    Los libros tienen que circular. También son sagrados, también me metí en esa carrera, también eran mis mejores amigos desde que tengo memoria. Pero los libros tienen que circular, los clásicos, los nuevos, los malos. Si no se mueren. Les paso un lindo link que habla del tema y dece casi exactamente lo que yo quisiera decir pero no soy... bueno, ya verán.
    http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-67356-2006-05-26.html
    Que lo disfruten

    ResponderEliminar
  11. Gracias Maura, leo el artículo y luego te cuento. (Después, por línea privada te enseño a editar links en html)

    ResponderEliminar

Sin caer en la tentación de ser pedante, descubro que la polifonía y la hipertextualidad me han hecho más rica.
Deje su mensaje luego del beep. Vuelva cuando quiera.
Beep.